Tengo un amigo que sostiene que el asunto de la selecciones deportivas catalanas es una gran chorrada, que no podemos perder tiempo con todo esto y que lo que importa de verdad a los catalanes es que funcionen bien los trenes de cercanías. Mi amigo tiene mala memoria, porque hace unos días me dijo que no había para tanto con lo del caos de Renfe y el AVE y que, además, "ya se está solucionando". Aquella vez, mi amigo insistía en que lo que de verdad interesa a la gente son las listas de espera en los hospitales, las matrículas escolares y la cesta de la compra. Pero mi amigo, en su entrañable amnesia, no se acuerda tampoco de aquel día en que, ante las quejas de muchos vecinos por no poder elegir el colegio más cercano a casa, él proclamó que lo único realmente vital era tener un puesto de trabajo y dejarse de zarandajas. Mi amigo siempre sabe lo que interesa más al ciudadano. Es una pena que mi amigo no trabaje como consultor de campañas electorales. Hay muchos listos como mi amigo. Siempre saben lo que mueve el interés de la gente.
Hago una prueba que nunca falla. Le digo a mi amigo que tiene toda la razón en esto de las selecciones y que, sin duda, lo que más interesa a los catalanes es que el Gobierno central publique de una vez (como han votado las Cortes españolas) las balanzas fiscales que pondrán en claro nuestra solidaridad económica con el conjunto del Estado y con relación a otras comunidades autónomas. Olvidemos sentimentalismos futbolísticos y orillemos simbologías balompédicas: exijamos las balanzas fiscales que el ministro socialista Solbes nos escamotea hoy, como ayer lo hizo el ministro popular Rato. Mi amigo tose y se incomoda. Mira el reloj nerviosamente y se despide raudo. Ya hablaremos otro día.
Ayer, las selecciones catalana y vasca jugaron en San Mamés. Muchos vieron el encuentro por TV3 y muchos no. Muchos catalanes también ven los partidos de la selección española y muchos no. Así de compleja es nuestra viñeta. Tan simbólica y prescindible es la selección catalana como simbólica y prescindible es la española, pero hay una gran diferencia: la segunda cuenta con el respaldo total del Estado, y la primera debe conformarse con jugar un partido amistoso al año. Los partidos de costellada más que simbólicos son paródicos, puestos a ser exactos.
Mi amigo regresa al cabo de un rato: "Lo que pasa es que la selección catalana es un montaje político, es un invento". ¡Acabáramos! Salgo del terrible error que me aprisionaba. Abrazo a mi amigo y lloro de emoción, veo la luz: la selección española (con su inefable técnico a la cabeza) encarna la verdad única, natural e inmutable. Todo casa. Todo está claro. Recuerden que el Gobierno de España no tuvo problema alguno en declarar, hace años, que el fútbol es materia de alto interés público, como el agua.

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