SEÑALES DE HUMO
Escribe David Madí en su libro: «Lo que siempre he detestado, políticamente y personalmente, es la actitud pusilánime»
Aprovechando la calma relativa de estas fechas he leído el libro de David Madí, Democràcia a sang freda (editorial Mina). Madí ha sido y es un actor clave en la política catalana. Por su apoyo a Artur Mas en la carrera por la sucesión de Pujol, primero, y, luego, como mano derecha del líder convergente, al que ha flanqueado en sus dos intentos por convertirse en presidente de Cataluña. El libro tiene dos partes. La primera narra las peripecias políticas de Cataluña entre 2003 y 2007 desde la privilegiada óptica de Madí. La segunda, en mi opinión con un registro y unos objetivos que contrastan en exceso con la primera, la usa para resumir su visión política, su receta -soberanista, liberal- para sacar al país de «la dulce decadencia» en que, según él, se encuentra atrapado.
Nunca le ha importado a Madí llamar la atención y su exceso de visibilidad le ha pasado factura a él y también a CiU y a Mas.No es sensato que los estrategas y los directores de las campañas electorales aparezcan en primer plano. Ha hallado gusto en cultivar una imagen agresiva y ha jugado con evidente regocijo a ser el malo de la película, algo en que sus adversarios, que no son pocos, han abundado. El libro responde a ese estilo desacomplejado, de menosprecio incluso por algunos actores políticos. Veamos un par de ejemplos relativos al PSC. Sobre la manera de actuar de su cúpula actual, denuncia: «La política catalana comenzaba a abandonar unas reglas de juego británicas para encaminarse hacia una manera de funcionar que aún no sabíamos muy bien de dónde eran, pero que después descubrimos que eran las reglas del Baix Llobregat». Y más adelante suelta: «En momentos delicados y decisivos de la vida, confiar en la palabra de un socialista es un error».
Refleja David Madí una de las caras de la Convergència i Unió de hoy. No es ni la única ni seguramente la principal, pero tal vez sí la que más se aleja de la cultura convergente tradicional.En contraste con los titubeos y la falta de carácter casi patológica de que han adolecido muchos dirigentes de CiU, Madí, alto, sólido corpachón y adusta mandíbula, es un echao p'alante, pero también un tipo corajudo y sagaz. Y con una determinación a prueba de misiles teledirigidos. «Lo que siempre he detestado, políticamente y personalmente -confiesa- es la actitud pusilánime»; la segunda parte de la dedicatoria del libro dice: «A todos aquellos que, además de resistir, quieren vencer». Madí ha hecho honor a estas palabras. No ha dudado a la hora de tomar decisiones difíciles y asumir riesgos y responsabilidades -contribuyó decisivamente a las victorias nacionalistas de 2003 y 2006-; tampoco se ha escondido cuando ha tenido que pechar con las consecuencias de sus actos. Muchos de los que, dentro y fuera de CiU, le critican deberían reconocerle, al menos, su valentía, y admitir que los hombres de acción como él resultan imprescindibles.
David Madí, que no está en política para hacer amigos, se ve a sí mismo como un hombre de convicciones, como un guerrero, como un rebelde con causa. No es casualidad que en la portada aparezca caricaturizado de general Patton sobre un fondo cuatribarrado.Le fascina, adivino, la épica que encierran la lucha y el combate.Todo ello podríamos resumirlo trastocando la celebérrima cita de Clausewitz y aventurar que la política es para Madí la continuación de la guerra por otros medios.
© Mundinteractivos, S.A.

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