LA QUINTA ESQUINA

¿Lo que fue una tragedia siempre se repite más tarde como farsa? No, mi admirado don Carlos, no. Puede ser justo al revés: muchos (y muchas) se han casado primero con una farsante para terminar sus días engullido por una mantis religiosa. Nunca sabemos si es peor el remedio que la enfermedad. Pero, a veces, un primer intento frustrado se repite consumando una antigua esperanza.Y esto ocurre lo mismo en el amor que en el comercio.

Fundado en 1991, Mercosur integra las economías de Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay. Lo sorprendente, pero no trágico ni falsario, es que Mercosur acaba de suscribir un Tratado de Libre Comercio (TLC) con un estado tan lejano de su área geográfica como es Israel. ¿Por qué? Israel no puede comerciar (no le dejan sus vecinos) con los países de su entorno. Nasser ideó la estrategia de los «Tres Círculos» (el árabe, el islámico y el africano) para aislar al Estado judío mediante una serie de anillos concéntricos.Israel replicó, con pocos resultados, a través de una alianza periférica e informal -el «Anillo Exterior»- trabada con Turquía, Irán y Etiopía, países entonces (1957-1963) contrapuestos a los intereses del Egipto de Nasser. Todo menos ser «un mendigo en una trinchera al que disparan desde todos los frentes», como dijo Isser Harel, director del Mossad.

Con el TLC suscrito con Mercosur, Israel reincide en salir de su aislamiento y se asegura un mercado de 250 millones de consumidores, encabezado por Brasil. Israel proveerá a este mercado de alta tecnología, agroquímicos e ingeniería e importará productos cárnicos, cereales y calzado. Todavía es un comercio modesto, pero el futuro puede cambiar muchas cosas.

Las ventajas para ambas partes no son exclusivamente económicas.Al frente de los cuatro países de Mercosur están unos gobiernos respaldados (o lastrados) por una opinión pública con fuertes resabios antinorteamericanos que les impiden pactar con el presidente Bush algo que en el fondo casi todos anhelan: el gran mercado para las Américas (el famoso ALCA). Israel es un aliado estratégico de EEUU y muchas de sus empresas informáticas y de alta tecnología son subcontratistas de grandes multinacionales norteamericanas.Para Israel, Mercosur supone no sólo una gran oportunidad de negocio inmediato, sino también a medio plazo y en su propia área geográfica, ya que Mercosur, desde 2006, tiene abiertas con el Consejo de Cooperación del Golfo (Arabia Saudí, Bahrein, Emiratos Arabes Unidos, Kuwait, Qatar y Omán) unas negociaciones que previsiblemente terminarán en otro TLC exótico.

Los intereses políticos y comerciales van aquí de la mano y ambas partes -Israel y Mercosur- pueden ser intermediarios en un diálogo con terceros que, de forma directa, hoy les resulta imposible.Además, la jugada golpea de rebote a Venezuela e Irán. Mercosur modera con el TLC de Israel el proyecto bolivariano de Chávez y el Estado hebreo alza un cortafuegos en la política exterior de los ayatolás, socios del venezolano. Hay tanta audacia como precariedad. Venezuela también aspira a entrar en Mercosur. Si ello finalmente sucede, Israel dispondrá de 270 días para confirmar o no su asociación definitiva con Latinoamérica.

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