Hace ya algún tiempo, en un intento de introducir sensatez en las disputadas valoraciones que se repiten todos los años cuando se publican las tasa de crecimiento económico regional, Manuel Hernández Muñiz, un competente profesor de Economía de la Universidad de Oviedo, nos recordaba que la convergencia es un fenómeno a largo plazo y que su tratamiento requiere un aparato analítico muy distinto del que se maneja en las discusiones públicas. No obstante, y con permiso de mi colega, utilizaré en este artículo el concepto vulgar de convergencia: el de acercamiento a un determinado valor o el de acortamiento de la distancia con respecto a una magnitud de referencia. Dado que actualmente el ingreso medio asturiano está por debajo tanto de la media española como de la comunitaria, parece bastante lógico que Asturias se plantee el objetivo de la convergencia en términos de aproximarse o igualarse al PIB por habitante de la media española, o en su caso, de la media comunitaria.
El nivel del PIB por habitante de Asturias con respecto a la media española ha variado mucho a lo largo del tiempo. No está de más recordar que según un trabajo de Miguel Artola, a finales del siglo XVIII, Asturias era la región más pobre de España y en 1800 su ingreso medio sólo significaba el 69 por ciento de la media española, incluso, a pesar de la incipiente industrialización que se desarrolla en nuestra región a lo largo de la primera mitad del siglo XIX, ese nivel descendió en 1860 hasta el 62 por ciento. A principios del pasado siglo, en 1904, el ingreso medio asturiano ya se había elevado hasta un 94 por ciento de la media española. La crisis subsiguiente a la terminación de la I Guerra Mundial y los no tan felices años veinte hicieron que nuestro nivel de ingreso per cápita descendiese hasta un 79 por ciento de la media nacional en 1930. Quizá los mejores niveles de ingreso medio de Asturias en relación con la media española se hayan logrado a finales de la década de los años cuarenta del siglo pasado, ya que en 1949 el PIB de Asturias llegó a significar el 4,6 por ciento de la producción española: una ratio que duplica los valores actuales.
En 1955, Asturias ocupaba el tercer puesto de las regiones españolas en PIB por habitante, únicamente precedida por el País Vasco, Cataluña y Madrid. En esas fechas, el ingreso medio regional superaba en un 7 por ciento el valor de la media española. A partir de entonces se inicia un proceso de lento, pero continuado, descenso de nuestra posición relativa con respecto a la media española. A partir de 1985 nuestro PIB por habitante pasa a situarse claramente por debajo de la media nacional, llegando en el año 2000 a situarse en un nivel mínimo, al alcanzar la ratio del 84 por ciento. A partir de entonces se inicia un cambio de tendencia, habiéndose alcanzado el nivel del 90 por ciento en 2006, lo que supone un aumento de 6 puntos porcentuales en un período de seis años. Actualmente, Asturias ocupa el lugar número doce del ranking regional español de PIB por habitante; por detrás de nuestra región figuran Murcia, Galicia, Castilla-La Mancha, Andalucía y Extremadura.
Si partimos de la situación actual y tomamos como referencia el proceso de mejora experimentado por la economía asturiana en los últimos años, puede ser un buen ejercicio de reflexión plantearse las implicaciones que en materia de tasas de crecimiento conllevaría el objetivo de igualarse a la media española y/o a la comunitaria en un determinado período de tiempo.
En este sentido, y con el fin de que se puedan considerar factibles algunas de las hipótesis sobre la evolución del ingreso medio asturiano que se manejaran más adelante, creo que es oportuno recordar un ejemplo de rápido crecimiento económico, bastante cercano en el tiempo y en el espacio: se trata del caso de la economía irlandesa. En 1986, cuando se produce nuestro ingreso en la Unión Europea, Irlanda era un país con un PIB por habitante un 7 por ciento inferior al de España, incluso en 1991 el ingreso medio español todavía superaba ligeramente al irlandés. Sin embargo, el proceso de crecimiento que inicia este pequeño país, de poco más de cuatro millones de habitantes, le ha llevado en quince años a figurar como el segundo país de la Unión Europea, después de Luxemburgo, en términos de PIB por habitante. Esto fue posible gracias a las elevadas tasas de crecimiento experimentadas por la economía irlandesa, que en el periodo 1995-2000 llegaron a situarse en el intervalo de un 8-11 por ciento anual. No se trata de imitar al ejemplo irlandés, sino de simplemente llegar a la convicción colectiva de que es posible y factible que Asturias emprenda una senda de crecimiento que en pocos años cambie radicalmente el panorama de la economía regional.
Las simulaciones que se presentan a continuación no deben confundirse con predicciones de cómo evolucionará en Asturias el PIB por habitante durante los próximos años -eso queda en manos de los gurús de turno-, sino que lo que se pretende, dado un crecimiento mayor del ingreso medio asturiano respecto a la media española o comunitaria, responder a una pregunta del siguiente tenor: ¿cuántos años tardará el ingreso medio asturiano en alcanzar el PIB por habitante español o comunitario? O bien, alternativamente, una vez establecido el objetivo de convergencia en términos de un número determinado de años, calcular que tasa de crecimiento debe experimentar el ingreso medio en Asturias para alcanzarlo. En ambos casos, se trata de pura aritmética a partir de manejar adecuadamente la fórmula del tipo de interés compuesto aplicada al ingreso medio, o si se prefiere del instrumental de las progresiones geométricas.
Diferentes alternativas relacionadas con la primera pregunta se exponen a continuación: Partiendo de que en 2006 el PIB por habitante en Asturias era inferior en un 10 por ciento al de la media nacional, si se cumple que el ingreso medio asturiano crece anualmente un punto porcentual por encima de la media española, en el transcurso de 12 años nuestro PIB per cápita será igual al del conjunto de la economía española. Si la hipótesis se cambia a un crecimiento diferencial y continuado de dos puntos porcentuales del PIB per cápita asturiano por encima del nacional, entonces el plazo para la convergencia se acorta hasta los seis años. En ambos casos, el resultado es independiente de cuál sea la tasa de crecimiento del ingreso medio español, siempre que el PIB por habitante en Asturias aumente más que la tasa registrada por la media española en los términos especificados en cada supuesto.
Veamos lo que ocurre si nos planteamos un objetivo mucho más ambicioso como sería el de alcanzar a la comunidad autónoma de Madrid, actualmente la región más rica de España en términos de ingreso medio. Partiendo de que en 2006 el ingreso medio asturiano era un 31 por ciento inferior al de la comunidad madrileña, si se logra que el PIB por habitante en Asturias aumente un punto porcentual por encima de la tasa de crecimiento observada por el de la comunidad de Madrid, se tardarían 38 años en alcanzar los niveles del ingreso medio madrileño. En cambio, si el diferencial de crecimiento se establece en dos puntos a favor de Asturias, el período para igualarse el ingreso medio en ambas regiones se reduciría a diecinueve años.
Cambiemos de ámbito de referencia y pasemos a contemplar el objetivo de igualarnos a la media comunitaria. En el año 2004, y en términos de paridad de poder de compra, el PIB por habitante en Asturias era inferior en un 13 por ciento a la media de la Unión Europea de los actuales veintisiete Estados miembros. Pues bien, si se consigue que el PIB per cápita asturiano aumente anualmente un punto porcentual por encima del que logre la media comunitaria, Asturias se situaría en un nivel similar al de la media de la Unión Europea en un periodo de 14 años. Si el diferencial que se alcanza en Asturias es de dos puntos porcentuales por encima de la media comunitaria, el tiempo para situarse en el promedio europeo se reduciría a siete años.
Por otra parte, la fórmula del interés compuesto también nos da respuesta a un segundo planteamiento: ¿a qué tasa anual acumulativa deberá crecer el ingreso medio asturiano para igualarse al de la media nacional o comunitaria en un periodo determinado de años? Los resultados de tres hipótesis temporales se incluyen a continuación:
Si el objetivo de igualarse a la media española se establece en quince años, será necesario que el PIB por habitante en Asturias registre una tasa anual acumulativa superior en 0,8 puntos porcentuales al de la media nacional. Si el período para igualarse se acorta a los diez años, la tasa diferencial que debería mantener Asturias con respecto a la media española se elevaría a 1,2 puntos porcentuales. En cambio, si el objetivo de convergencia se estableciese en sólo cinco años, el PIB por habitante en Asturias debería crecer 2,4 puntos porcentuales por encima de la tasa anual acumulativa registrada por el conjunto de la economía española.
Finalmente, si nuestro objetivo es igualarnos a la media comunitaria en un plazo de quince años, bastaría con que el ingreso medio asturiano creciese un punto porcentual por encima de la tasa de crecimiento de la media de la Unión Europea para lograr esta meta. Si el período se reduce a diez años, el diferencial que debería mantener nuestra región se incrementaría hasta 1,5 puntos porcentuales. Por el contrario, si el objetivo de convergencia con la media europea se fijase en cinco años, el diferencial en el crecimiento del ingreso medio de Asturias con respecto a la media comunitaria debería situarse muy próximo a los 3 puntos porcentuales.
Así pues, bajo ciertos supuestos podemos conocer cuánto debe crecer el PIB por habitante en Asturias para lograr la convergencia con la media española y la comunitaria, lo que no se le puede pedir a ninguna fórmula matemática es el cómo ni el qué debe hacerse para lograr esas tasas de crecimiento: eso es un asunto mucho más complejo y difícil que pertenece al ámbito de la política; y más concretamente, al de la política económica. La intención de este artículo era tan sólo plantearse el cuánto hay que crecer y no el cómo ni el qué hay que hacer para lograrlo.
Jesús Arango es profesor de Economía Aplicada de la Universidad de Oviedo

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