Bienvenidos al nuevo capitalismo español, de Manel Pérez en La Vanguardia
LA VENTANA INDISCRETA
Malos tiempos para la banca. Mejor dicho, para la imagen de la banca, que no para su poder. La crisis del crédito y el encarecimiento del precio del dinero están empezando a pasar factura a los empresarios que han apurado hasta el último sorbo la época del efectivo barato. Y en España su número es más significativo que grande.
Muy lejos parecen quedar los tiempos en los que los bancos hacían cola para prestar dinero a inmobiliarias y constructoras a tipos de interés muy inferiores a los de la inflación e incomparables con los de la revalorización de los inmuebles o el incremento de los presupuestos de la obra pública. Uno de los últimos cantos de cisne públicos de esa época de exuberancia lo formuló el propio presidente del Círculo de Economía, José Manuel Lara, en las últimas jornadas del foro en Sitges, cuando llamó a los empresarios catalanes a endeudarse para crecer.
Ahora ya no es posible. Y, quién lo iba a decir, por unos cuantos cientos de miles de Smith o Wilson que viven en una miríada de ciudades y pueblos perdidos de Estados Unidos y no han podido pagar sus hipotecas, pese a los ríos de tinta que se han vertido acerca del inevitable pinchazo de la burbuja inmobiliaria… española.
De forma inopinada ha llegado para muchos la hora de hacer frente a las deudas. La resaca tras la fiesta. En esta tesitura están muchos de los protagonistas de la expansión de los últimos años. Como Luis Portillo, de Inmobiliaria Colonial, aquel desconocido promotor que en pocos meses compró todo lo que se puso a tiro. O Bruno Figueras, que apuntó a Habitat al crecimiento rápido endeudándose hasta las cejas cuando el ciclo ya empezaba a mostrar claros síntomas de cambio. Pero, en mayor o menor medida, casi todos los conquistadores españoles de los últimos años, desde Luis del Rivero y Sacyr hasta los del Pino de Ferrovial con la compra del gestor de Heathrow, están sintiendo el aliento de sus acreedores en la nuca. Enrique Bañuelos, el rey Midas de Astroc, ya no está solo en su penitencia. La lista crece cada día que pasa.
La actual crisis financiera está generando cambios de largo alcance en las relaciones de poder en el mundo económico y, muy probablemente, provocará un vertiginoso cambio de caras en el capitalismo español. La materia prima fundamental - el dinero- que bancos e intermediarios financieros se rifaban por regalar se ha convertido súbitamente en un bien escaso y como tal debe pagarse. Es decir, más caro y con las debidas garantías. Los banqueros, que en los últimos años accedían a todas las peticiones de sus grandes clientes con tal de no quedar fuera de las operaciones, dictan ahora las condiciones.
Los empresarios han comenzado a recuperar el antiguo lamento contra la banca, usurera e inclemente, mientras quienes rechazaron el cáliz de la deuda en su momento esbozan la sonrisa de revancha tras años de complejo de inferioridad. Ese personaje del traje gris que en los últimos tiempos apenas se mencionaba, la financiación no era nunca un problema, recorta en estos días una sombra inquietante.
Vuelve el poder de la banca, si es que alguna vez dejó de tenerlo en España, uno de los países más bancarizados del planeta. El credit crunch actual debilita a los endeudados y deja en manos de los intermediarios financieros gran parte del futuro de muchas empresas. Y, mientras esta situación se mantenga, los banqueros estarán en el centro de las principales decisiones estratégicas de los empresarios españoles. En las manos de los Botín, González, Fainé, Ron, Oliu… está de nuevo concentrada, tras más de una década de diseminación, una de las palancas de poder más formidable de la economía española.
¿Qué harán con ese poder? Controlarán las empresas recuperando el viejo modelo banca-empresas. Impensable, los tiempos ya no están para eso y los reguladores penalizan tal clase de operaciones.
¿Y el Gobierno, sin el crédito fácil que tan bien le ha ido para asegurar la españolidad de algunas grandes empresas? Tal vez sienta la tentación intervencionista, aunque su autoridad será menor frente a una banca cada vez más poderosa. Cualquiera que sea el color del Ejecutivo, también intentará husmear en los pasillos del poder que desembocarán en los despachos nobles de los banqueros. Bienvenidos al nuevo capitalismo español.
