Una insistente costumbre, universalmente extendida en Gobiernos y medios de comunicación, renuncia a decir la verdad en los momentos más necesitados de ella, como en los casos de guerra, cuando la opinión pública está conmovida por graves y dolorosos acontecimientos. En los atentados terroristas contra la vida de un dirigente de fama mundial, también se oculta la verdad, con engaños sobre el sentido político de su biografía y la clase de Régimen de poder donde se produce el criminal atentado.

No hay Gobierno ni medio de comunicación que hoy se limite a expresar la natural y oficial condolencia por el asesinato de Benazir Bhutto. Todos utilizan el triste acontecimiento para engañar a la opinión mundial, fingiendo que se engañan a sí mismos, sobre la verdadera dimensión politica de la asesinada, y sobre la naturaleza dictatorial del Régimen paquistaní, que pretendía compartir con el general Musharraf, mediante un pacto secreto de reparto del poder.

Un pacto concertado con la bendición del Presidente de EEUU, Sr. Bush, probablemente a iniciativa del Departamento de Estado. Pacto que confirmaría la Presidencia del dictador Musharraf y haría primer ministro a la bella y occidentalizada paquistaní, Benazir Bhutto.

Este pacto secreto de Bhutto con el poder militar que asesinó a su padre –reprobado por los más allegados a su casa- le permitió regresar del exilio, que ella misma eligió para no hacer frente a los numerosos procesos judiciales de corrupción, abuso de poder y nepotismo (su marido es llamado allí “señor 10 por ciento”), abiertos en los dos periodos separados durante los que ocupó la jefatura del gobierno, con exilio de por medio. Dos veces destituida por el Presidente del Estado a causa de gravísimas acusaciones de corrupción.

Sus exilios voluntarios –en realidad fueron huidas- parecían estar justificados por la falta de confianza en la imparcialidad de la Justicia de su país. La misma Justicia que, ahora, obedeciendo las terminantes órdenes del Presidente-dictador, archivó todos esos procesos de corrupción, en el instante mismo en que se concluyó el pacto de reparto del poder.

La “líder de los pobres”, garantizada su inmunidad judicial por el dictador, podría presentarse a las elecciones legislativas, el 8 de enero próximo, al frente del Partido Popular, fundado por su padre, que fue asesinado por el anterior dictador, el general Zia.

El sangriento acto terrorista, que ha ocasionado la muerte de veinte personas más, está siendo atribuido a la causa islamista de Al Qaeda, y ha desbaratado los planes del Departamento de Estado. El futuro de Paquistán continua siendo tan incierto, como lo hubiera sido también sin el atentado.

Aunque no suelo escribir sobre la personalidad de los dirigentes políticos, sean españoles o extranjeros, en este caso, me considero obligado a decir la verdad sobre Benazir Bhutto, para que no permanezcan intocables las mentiras que propagan los gobiernos y los medios informativos, cuando algún poderoso es alcanzado por un tipo de acto criminal, del que ellos mismos podrían no estar exentos.

Es necesario denunciar las mentiras del Presidente del Gobierno, Sr. Zapatero, y del Ministerio de Asuntos Exteriores, cuando expresan, en sus respectivos telegramas de condolencia al Jefe del Estado de Paquistán, su “enérgica condena” (¿es posible condenar sin energía?) del “ataque frontal contra la democracia paquistaní”. Mentiras sin paliativos, pues conocen perfectamente que allí no hay democracia, y que tampoco la habría sin el asesinato de Bhutto. Esta notable mujer había aceptado compartir el mismo Régimen del general dictador, solo que suavizado, ante la opinión, por el solo hecho de que ella sería Primer ministro.

La segunda razón para decir, en estos momentos de luto mundial, la verdad sobre la víctima del atentado, es aún más atinente a la opinión española. Pues se refiere a la profunda analogía existente entre la falta de moralidad politica de Benazir Bhutto y la que caracterizó a todos los que fraguaron la Transición española. En ambos casos, pacto secreto de reparto del poder, auspiciado por EEUU. Pacto antidemocrático, que burla todos los principios de representación, separación de poderes e independencia de la Justicia. Pacto inmoral de las víctimas con sus verdugos. Pacto que aleja a los pueblos de la libertad politica y la democracia, haciéndoles creer que ya la tienen.

Solo quienes digan en público, precisamente en estos momentos, la verdad sobre la biografía de Benazir Bhutto, pueden esperar que sus condenas de la violencia terrorista que le arrebató la vida, y sus condolencias personales, sean tomadas en serio.

Antonio García-Trevijano