El documental no aborda muchos de los problemas humanos del barrio
La película Can Tunis,de un documental se trata, como el homónimo del barrio barcelonés que pretende retratar, hasta tal punto que el político de CiU Xavier Trias siendo candidato a alcalde lo visitó para afirmar gallardamente que "aquello también era Barcelona", hace su periplo por los circuitos cinematográficos minoritarios, recubierta de premios, y en camino para convertirse en todo un referente.
La "otra Barcelona", el llamado "patio de atrás" de la gran ciudad, ha sido esquilmado del conocimiento más o menos masivo de la ciudadanía, con un coste en la cohesión social de la ciudad, en los mecanismos de socialización y en la destrucción de las redes de ayuda o la simple sensibilización que nos saldrá bien caro. Ha habido una colosal operación para colocar ciertas realidades debajo de la alfombra, lejos de la vista. Y la ciudad se ha convertido en un simple escaparate. Como me comentaba un periodista inglés, Barcelona no tiene problemas muy distintos a otras muchas ciudades. Lo realmente extraordinario de Barcelona es que una gran parte de la población se ha creído, hasta que empezaron los apagones y los socavones, que sí, que efectivamente vivía en la "mejor ciudad del mundo" tal como rezaba la propaganda oficial.
Can Tunis pretende ser precisamente todo lo contrario, pero en buena parte acaba siendo un poco "más de lo mismo". Con la ayuda tanto de TV3 como de Televisión Española no pierde ese tufillo oficioso. Centrada en seguir los avatares del desalojamiento de una de las familias gitanas del barrio, acaba trazando un fresco a medio camino entre el costumbrismo y el estudio antropológico. La acción podía tratar tanto sobre una familia gitana en Barcelona desalojada por el crecimiento del puerto, como de una familia de campesinos chinos por la construcción de una presa gigante o de unos habitantes de Mali que deben emigrar por la endémica sequía subsahariana. Sin embargo, Can Tunis fue durante años, en medio de la más absoluta indiferencia, una de los principales centros europeos de distribución de droga. Se calcula que diariamente acudían mil personas a adquirir su dosis o dosis diarias y muchos de ellos se establecían definitivamente en condiciones infrahumanas. He visto gente ir a pasar sus vacaciones en tiendas de camping. Pero, por ejemplo, para que pudiera ducharse una vez a la semana era precisa la colaboración de tres oenegés diferentes. Nada de ello aparece reseñado en la película, nada de los dos mil millones de antiguas pesetas que cada año circulaban por mor de la droga. Sobre el tema se pasa de forma escuálida, casi de refilón, de puntillas. Nadie se muere de sobredosis, ni se ven padres comprando para sus hijos, ni taxistas o conductores de camiones de butano inyectándose o las drogodependientes, contagiadas de SIDA, que debían ir a abortar porque los clientes de la prostitución eventual exigían no usar preservativos. Nada de ello, ni muchísimo más aparece en la cinta. No convendría enseñarlo.
mtrallero@telefonica.net

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