EL RUIDO DE LA CALLE
Ayer, enfrente de mi casa, el viejo topo que había llegado en cayuco limpiaba cristales de los rascacielos. Pero la noticia estaba en Chueca. Si la razón era Napoleón a caballo y el comunismo, Lenin en tren blindado, la vanguardia ya no está en Pegaso, ni en la Marcha anti OTAN a Torrejón, sino en Chueca, donde gays, feministas, solteros eternos y ecologistas constituyen la nueva Internacional. La nación gay de 'ZP', el barrio alternativo donde los niños tienen dos mamás, estaba refulgente. Los skaters, okupas, lesbianas, raperos y mosquitos constituyen la avanzada. Fue en esa manzana de pecado donde el actor Pepón Nieto dio el grito que se oyó en el universo: «Maricones, Franco ha muerto».
En Chueca está la sede de UGT, antes Convento de Recogidas de Santa María Magdalena, donde iban a parar las chicas de vida alegre. Llegó Jesús Caldera, rojo posmoderno, para reconciliarse con el Sindicato de Arrepentidos. Cándido Méndez, gran tipo con empaque de oso, de tierno corazón, le advirtió: mucho cuidado con la bajada de impuestos. Habló a un convencido porque Caldera, el arco izquierdo de la circunferencia del poder, piensa que la revolución del XXI se llama impuestos, a lo que el sabio Rubalcaba responde: sí, pero antes hay que ganar las elecciones.
Han pasado 20 años desde aquel huelgón que detuvo a las pajaritas de la nieve en el cielo. De los comandantes de la comuna no queda nadie. Redondo el zar, jubilado; Antonio Gutiérrez vive en la Casa Común; en CCOO manda Fidalgo, pero lo quieren purgar por lo cerca que estuvo de Aznar.
El oso, omnívoro, pisa mucha moqueta en Moncloa y pide un puesto en las listas. Se lo darán. Manuel de la Rocha (Izquierda Socialista) irá al Congreso de los Diputados. Para ganar en marzo, 'ZP' abraza a las farolas, a las mariposas, a los cisnes, a los currantes socialdemocratizados, a los cangrejos rojos y al oso, no del madroño, sino Cándido, al que le crujirán las costillas después del abrazo del brahmán. Quedan sindicatos de clase, aunque los rojos de verdad están en el teatro.
¿Quiénes son hoy los obreros? No los que describe Tom Wolfe enseñando el ombligo en las playas de Barbados con su tercera esposa pidiendo agua con gas Quibel, porque San Pellegrino les parece demasiado vulgar, pero tampoco el huelguista del 14-D. Ese ya es jubilata, va al balneario, habla por el móvil con su nieta modelo que desfila en París.
Un rojo de primeros de siglo les dijo a los hermanos: no esperéis que las alondras nos caigan asadas del cielo del sindicato. El PSOE tiene todas sus esperanzas en el voto obrero, pero tiene más confianza en el millón seiscientos mil jóvenes (5%). Si no se cuecen en el botellón el sábado 8 de marzo, 'ZP' vencerá con su romance posmarxista: cambio climático, oenegé, paz y voto gay.
El viejo topo seguía limpiando los cristales.
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