Tales para cuales
Nicolas Sarkozy es un jetas. Listo, pero jetas.
Durante la campaña de las presidenciales francesas, dedicó muchísimos esfuerzos a reprochar a la prensa rosa que metiera las narices en su vida privada.
Por entonces todo el Hexágono sabía que su mujer y él estaban a la greña, y hablaba de ello, pero el candidato reclamaba su derecho a la privacidad. Su maquinaria propagandística puso el máximo esfuerzo en subrayar el argumento: “Sarkozy, víctima. No se respeta su intimidad.”
Me dejó mosca desde el principio que entrara al trapo y hablara de esos asuntos, pretendiendo que él y su señora eran uña y carne, que ella era lo más importante para él, etc., etc. Jopé, si no quieres que se metan en tus cosas privadas, dices que están fuera del temario y que no vas a discutir sobre ellas, te callas y ya está.
Todo el tinglado que ha montado ahora a costa de su romance con una señorita que no sé ni quién es (pero guapita ella), atrayendo a la prensa para que refleje sus éxitos amorosos, es de vergüenza.
O quieres tener intimidad o quieres tener espectáculo.
Lo que quiere, evidentemente, es tener espectáculo.
Primero (aunque supongo que no principal), para desquitarse. Así deja de ser a efectos mediáticos un abandonado, y se convierte en un conquistador, con lo cual le da en los morros a su ex.
Segundo, para contribuir a sus maniobras de distracción, en las que es especialista. Lo que le importa es que los medios de comunicación no pongan el foco en los problemas sociales de Francia, que son muchos y peliagudos, y se entretengan con naderías. Que si él está en Egipto, no se sabe si para robar otro obelisco. Que si lleva gafas tal, reloj cual y pantalones color no sé qué. Que si la chica guapita que le coge de la manita va vestida con un modelo de este o del otro.
De todos modos, no es que Sarkozy o Berlusconi o cualquiera de estos políticos mediáticos tengan una técnica extraordinaria para manejar a los medios. Es que los medios les están diciendo día a día: “¡Manéjanos!”.

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