¿Ha insinuado el Rey que el PSOE y el PP se encaminen hacia una gran coalición después de las elecciones de marzo, en su discurso de Navidad, en el que tanto habló de unidad, cohesión y Constitución?

El Rey Juan Carlos I, con su mensaje de Navidad, ha puesto un poco más de misterio al día del gran misterio de la cristiandad, en el que el Papa Benedicto XVI ha vuelto a reclamar la existencia de Dios y ha lanzado un mensaje de paz, al mismo tiempo que su obispo de San Sebastián, Uriarte, trataba de equilibrar, en su homilía navideña, el dolor de los asesinados por ETA con el de los asesinos encarcelados y sus familiares, lo que no deja de ser un sarcasmo y una hipocresía propios de quienes ponen un vela a Dios y otra al diablo.

Sobre todo porque en ciertas cuestiones, como las del terrorismo, no hay escapatoria salomónica posible, aunque eso es, precisamente, lo que quiso hacer el Rey Juan Carlos I en su tradicional mensaje de Navidad, en un intento inútil de satisfacer y acercar, a la vez, al Gobierno de Zapatero y a la oposición de Rajoy. Al tiempo que recordaba su compromiso, como Rey, con España en un gesto que parecía responder a los ataques sufridos por la Corona en el año que se acaba. Aunque lo hizo con igual tibieza y parca intención con la que, también, destinó una especial alusión a Iberoamérica, subrayando todo el respeto español a sus pueblos e identidades, en recuerdo del “por qué no te callas” a Chávez.

Los discursos del Rey suelen estar llenos de obviedades y ambigüedades y, como los pronunciamientos de la Sibila de Delfos y otros adivinos, trata de convencer a quien los oye de que les da la razón, aunque sean personas de uno u otro bando o partido que están enfrentadas por una misma cuestión. Por ejemplo, el Rey pide unidad de los partidos para la lucha contra el terror de ETA y desde el PSOE se dirá que eso es un tirón de orejas al PP porque los de Rajoy no apoyan al Gobierno de Zapatero, que es quien debe dirigir esa lucha contra los terroristas. Mientras que, desde el PP, la lectura que se hace de las palabras del monarca es, precisamente, la contraria: que se trata de una dura crítica a Zapatero por haber roto el Pacto Antiterrorista y también porque le dice que tiene que actuar con el poder judicial y todas las fuerzas de seguridad para derrotar a ETA y, por tanto, para nunca más negociar, que es lo que dicen en el PP. Al final, el Rey apela, con una decidida claridad, a la unidad contra el terrorismo diciendo que ello es “una obligación y un deber” de todas las fuerzas políticas.

El Rey también se refirió a la unidad de España y su diversidad, creemos que para contentar a los españolistas y nacionalistas, aunque a estos últimos, desde que Zapatero les dijo que la nación española es discutida y discutible, lo de la diversidad y el pluralismo español y constitucional les suena ya a monserga, porque ellos ya están en otras cosas, como la autodeterminación o la independencia.

En cuanto a las varias alusiones al consenso, cohesión y unidad de un país, más justo, integrado y solidario, o su llamamiento a la “cultura de unidad”, todo eso no deja de ser una letanía que a los políticos, y máxime durante la presente campaña electoral, por un oído les entra y por otro les sale. Entre otras cosas porque nadie se quiere dar por aludido, aunque una cosa está bastante clara: el monarca ha enunciado un listado de problemas y hecho un especial hincapié en la unidad, la cohesión y consenso entre españoles, reiterando, una y otra vez, la vigencia e importancia de la Constitución, y todas estas citas y alusiones, que no han sido habituales en otros discursos, se han hecho especialmente en este año que cierra la legislatura, porque las cosas de la política y de la convivencia en España han ido bastante mal. Y ¿quién es el primer gobernante del país sin consenso, unidad, cohesión y con la Constitución en cuarentena? Pues José Luis Rodríguez Zapatero, sin duda, el primer aludido en la misteriosa alocución real.

Es posible que, como piensan muchos españoles, el monarca debió hablar más claro y más directo. Pero aunque podría quizás no debería, a pesar del mandato moderador que le otorga la Constitución. Y puede que con mayor motivo en precampaña electoral. Entre otras cosas porque, dentro de muy poco, van a ser los españoles los que van a hablar en las urnas del próximo 9 de marzo, si es que les quedan ganas para ir a votar. Aunque a lo mejor el misterio oculto del mensaje real no era otro que el de sugerir a los grandes partidos, PSOE y PP, que se preparen para una gran coalición en el año en el que se va a celebrar el 30 aniversario de la Constitución. Desde luego, lo que sí sabemos ya es a quién votará monseñor Uriarte, el obispo de San Sebastián.