Este año, el cruel cuento de Navidad del pavito que lloraba a las puertas de una mansión, porque su mamá tardaba mucho en salir después de haber sido invitada a cenar por los dueños del lugar, termina muy bien porque la mamá pava, que no era tan pava, en un descuido de la cocinera saltó por la ventana y se fue en compañía de su pequeño al País de Nunca Jamás, donde nadie, ni el capitán Garfio, comen pavo en Navidad.
La Navidad del 2007 lo mejor que tiene es que está muy cerca de finales de año y vamos a entrar, de una vez, en el 2008 y vamos a ver qué pasa en esas malditas elecciones, porque mucho nos tememos que se puede quedar todo más o menos como está. A no ser que los Reyes Magos le traigan a uno de los dos, a Zapatero o a Rajoy, un saco de carbón. O incluso a los dos, si los dejan anclados en torno a los 150 escaños y carecen de la posibilidad de un pacto con los nacionalistas.
Baltasar, el negro, a Zapatero le traerá carbón, y Gaspar, el pelirrojo, otro tanto a Rajoy. Y ¿Qué hará Melchor? Pues ésa es la cuestión que pronto habrá que dilucidar. Ahora bien, si uno pierde más que otro, al perdedor se le van a caer los palos del sombrajo. Si el muerto político es Rajoy y si, por un casual, pretende agarrarse al cargo de jefe de la oposición con cualquier truco o argumento, los gritos de la sede del PP de la calle Génova se van a oír por toda España, y puede que también en Australia. Y no caben trucos, ni cálculos intermedios, o Rajoy gana con una mayoría más que suficiente para poder gobernar, o se tendrá que reintegrar al Registro de Santa Pola y sin rechistar. Y Luego allá el PP, su Congreso —aplazado casi un año— y los cuchillos en los dientes que van a llevar Aznar, Rato, Gallardón, Aguirre y Fraga, para ver quién se hace con la sucesión.
Ahora bien, si el que pierde es Zapatero, el lío será mucho mayor. Porque en el PSOE no hay barones disponibles, salvo Bono, a quien rechazan los del PSC, PSE y PSN (catalanes, vascos y navarros), o salvo que González, a quien el PP ha colocado en los altares, decida volver a reconstruir su más que desastrosa salida del poder, para culminar las vendettas pendientes que dejó en el territorio español. En cuanto a Zapatero, no sólo tendría que salir a patadas del Gobierno, que tanto malbarató, sino también de la secretaría general del PSOE, donde dejaría una estela bastante fácil de borrar.
De manera que este cuento de Navidad lo vamos a dejar para después de los Reyes Magos, para el día 10 de marzo, que es cuando vamos a saber quién de los dos se come a quién. Es decir, quién es el pavo y quién va a ser el comensal. Porque en caso de empate lo normal es que caigan los dos y se monte un gobierno PP-PSOE, la gran coalición. Que sólo sería posible en la ausencia de Zapatero y de Rajoy. ¿Con quién? Pues ya se vería, puede que con nombres como los de Solbes, Gallardón, Rato y Bono. A no ser que se quieran subir al mismo barco y a garrotazos con los remos González y Aznar.

¿Qué es la Navidad hoy en día?
¿Qué es la Navidad hoy en día? ¿Celebra alguien la Navidad sensu stricto? ¿Qué queda de la Navidad cristiana en la España de hoy?
Yo diría que poco, casi me atrevería a decir que nada. Para empezar, la celebración del nacimiento de Jesús es algo que ha quedado relegado a las icónicas representaciones de los preceptivos portalitos de Belén de los mercadillos de Navidad. Su significación como un supuesto hecho religioso trascendente ha desaparecido. El personaje de Jesús se ha mezclado y ha caído por debajo de otros personajes, mucho más divertidos, como Papa Noel (Santa Claus), Rudolph el reno de la naríz roja, o los “caganers” del príncipe y de “la Leti”. La tradición religiosa se ha disgregado en sus componentes más folclóricos, ya sean autóctonos o importados, los villancicos, las decoraciones, las comidas y la juerga.
Supongo que esta “banalización” crea una honda preocupación entre los cristianos practicantes, pero yo creo que es una muestra más de la total desconexión con la religión que tiene una gran mayoría de la gente. Aunque la Iglesia se empeñe en indicar que una abrumadora mayoría de la población sigue siendo católica, la realidad es muy distinta. Puede que sobre el papel haya muchos millones de católicos, pero realmente son muy pocos, poquísimos.
Carlos Menéndez
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En caso de empate, el PP pierde.
Las últimas encuestas publicadas por varios medios de comunicación coinciden, algo que ocurre pocas veces. En esta ocasión, muestran que la carrera se ha igualado en los últimos meses, hasta el punto de vaticinar un empate técnico en el número de escaños, aunque el PSOE mantiene un margen de entre 2 puntos y medio y tres puntos con el PP.
En un hipotético escenario en el que PSOE y PP empataran a escaños está muy claro que sólo el PSOE conseguiría gobernar con la ayuda de IU y de los nacionalistas.
El “gol average”, digamos, beneficia al PSOE.
Carlos Menéndez
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