CATALUNYA ANTE LA SOCIEDAD DEL CONOCIMIENTO

Junto a una buena producción científica encontramos una pobre producción de patentes y una más pobre explotación industrial

La realidad científica catalana es, en todos los campos del conocimiento, uno de nuestros activos más preciados. Un activo formado por diversos elementos de excelencia que nos sitúan en el mundo de una forma clara. Esta realidad se evidencia principalmente en el campo de la biomedicina y la biotecnología, de la nanotecnología, de las ingenierías, y también en el campo de las ciencias sociales, seguido de un largo etcétera.

Sin embargo, tenemos que aceptar que esta realidad se encuentra atomizada, fragmentada, y que ha nacido con cierto grado de anarquía, sin unas prioridades consecuencia de un previo plan establecido con una visión estratégica, y que lo que tenemos es, en gran medida, el fruto -como tantas otras cosas- del afán emprendedor de muchos científicos, que han creado y acrecentado su prestigio a nivel internacional, en base al trabajo bien hecho y desde hace muchos años.

CONOZCO bien los centros de excelencia, y las diversas redes existentes en nuestro país, y conozco bien, especialmente, el campo de la biomedicina, que es mi actual responsabilidad, y tengo que decir que nos falta mucho para estar -en cuanto a la disponibilidad de recursos- a la altura europea, y que las administraciones han -hemos- ido siempre a remolque de una realidad que es tozuda, formada por el conjunto de hospitales, empresas farmacéuticas y biotecnológicas y universidades, estímulo constante que ha actuado de tractor de una producción científica relevante.

El actual porcentaje del PIB destinado a investigación está lejos aún de la media europea y de los acuerdos de Lisboa. Y si es bien cierto que se han empezado a notar los incrementos presupuestarios de estos últimos tres años, el esfuerzo público y privado tiene que crecer aún de forma notable.

La realidad tozuda y el talento e inquietud de nuestra gente han hecho que estemos presentes en muchos centros punteros en todo el mundo, y que las redes de relación sitúen a muchos de nuestros investigadores en lugares de gran relevancia en todas partes.

No obstante, observamos con inquietud que, junto a una buena producción científica, tenemos una pobre producción de patentes, y todavía una más pobre explotación industrial, y por tanto comercial, de unos productos surgidos de nuestros centros.

Todo esto tiene que cambiar. No solo el panorama presupuestario y el fomento de los centros de investigación y los instrumentos de transferencia tecnológica, sino el planteamiento estratégico que debe permitirnos coger otro impulso.

No podemos caer en la cultura de la queja, principalmente de unos recursos estatales que injustamente no llegan. Nuestra vocación europeista debe permitirnos encontrar otros recursos en el marco de la Unión Europea y en todas las sinergias globales, y ser capaces de no depender de las políticas de otros. Y, sin embargo, debemos empeñarnos también en salir, dentro de nuestro entorno, de actitudes proteccionistas de uno u otro sector, impulsando decididamente actuaciones transversales con la mirada puesta en el mundo de la empresa como destinatario final de la mayor parte de esfuerzos de la investigación, y unir con un hilo conductor todos los elementos de la cadena de valor que configura el largo camino desde una idea novedosa y brillante a su comercialización y puesta en el mercado, al alcance de todos, en un mundo cada vez más globalizado.

Me refiero a que necesitamos una visión de Estado. Es decir, planteamientos de carácter nacional, que permitan sumar esfuerzos, aglutinar voluntades, que sobrepasen las competencias de una u otra conselleria, hasta del Govern, y que conlleven el compromiso del mundo de la empresa, la universidad, las sociedades científicas, y que vayan conformando la marca "Catalunya" ante un mundo globalizado.

Solo así podrá competir Catalunya como marca, con alianzas en todas partes. En el Estado, sobre todo en Europa y con una clara vocación de pertenecer a una comunidad científica mundial. Necesitamos consolidar una política estructural de participación en redes y consorcios internacionales que deben permitirnos captar recursos competitivos supraestatales y, aún más importante, asegurar de forma regular el contacto de nuestros jóvenes científicos con la élite mundial. La apuesta es compleja, y estoy seguro de que muchos de estos elementos saldrán en la reflexión conjunta que se está llevando a cabo en torno al Pacte Nacional per a la Recerca i la Innovació.

PERO el diagnóstico hace días que está hecho, y la comunidad científica necesita ahora concreciones más o menos a corto plazo que den la confianza a una apuesta que es decidida hacia un modelo de país. El proyecte que presentamos el pasado día 14 de un Centre Internacional Pel Debat Científic, en Torre Marimon (Caldes de Montbui), es simplemente esto: un proyecto de ámbito nacional, fruto de la colaboración de entidades tanto públicas como privadas y con la clara voluntad de dotar al país de una infraestructura necesaria y pionera en el campo del conocimiento, con vocación interdisciplinar y de excelencia, que contribuirá a situar a Catalunya en el mundo en el terreno de la sociedad del conocimiento, elemento clave para el desarrollo. Solo depende de nosotros.

Manel Balcells. Presidente de la ejecutiva de Biocat.