APUNTE LEGO

El pasado lunes ocurrieron unas cuantas cosas que merecen ser metidas en la coctelera del análisis.

Lo primero es que hizo bastante frío. Entonces, a las 18.53 el consumo eléctrico fijó un récord de 45.450 megavatios. Pero el día andaba un poco escaso de vientos, así que la energía eólica, que en noviembre llegó a los 13.000 megavatios instalados, sólo pudo aportar 1.517 al apuro (el 11% de su capacidad) y la aún testimonial energía solar, habiéndose puesto el Sol a esa hora...

Para acabar con los hechos, la red eléctrica salió del paso tirando a tope de la energía nuclear, que aportó 7.388 megavatios (el 95% de su potencia instalada), y de las centrales hidráulicas. Y, por supuesto, de las que queman carbón, gas y fuel, poniéndolo todo perdido de CO2.

El ciudadano de a pie tiene derecho a entender todo esto sin ser subyugado por los efectos de la ecolítica, disciplina que mezcla ecología y política, mediante la ecólisis, un procedimiento de laboratorio social consistente en verter una solución de conceptos ecologistas en un recipiente y someterlo a una corriente política. En el ánodo se condensan incómodas verdades oficiales y en el cátodo, descalificaciones para toda argumentación contraria. Se sabe que una corriente política opuesta puede dar cualquier otro resultado.

Se habla del riesgo nuclear, mezclando la idea de que una central pueda ser como una bomba atómica, con la de que produce toneladas de desechos radiactivos eternos. Y son cosas distintas. Los residuos son una cuestión de máxima seguridad y tecnología (en Francia, dicen reciclar más del 90%). Y en cuanto a lo otro, las dos únicas ciudades víctimas de un bombardeo atómico, Hiroshima y Nagasaki, son habitadas hoy por decenas de miles de personas, 62 años después de aquel disparate.

Por contra, si le cuentan que la nuclear es una energía sanísima, muy barata y que resuelve para siempre la dependencia de terceros países, tampoco se lo crea a pies juntillas: España no posee yacimientos de uranio muy reseñables ni puede controlar para nada los precios.

Lo cierto es que la ecolítica funciona con muchos tópicos y pocos detalles. El Gobierno de Felipe González decretó la moratoria nuclear en 1984, cuando ETA, agarrándose a la movilización ecologista, ya había parado de facto dos años antes la central de Lemóniz, (en construcción y con un reactor casi listo). Para ello asesinó a tres obreros, al ingeniero José María Ryan (al que secuestró, como a Miguel Angel Blanco, para exigir la demolición) y al director de las obras, Angel Pascual. El Estado de Derecho no reconoció esa derrota, sino que congeló oficialmente el plan nuclear, incluida Lemóniz y otros reactores que se construían en Valdecaballeros y Trillo.

Entonces, aclarando, ¿es la nuclear la solución del futuro? Pues no, no es la panacea. El uranio no abunda y también escaseará. Pero es un parche real y necesario para tiempos difíciles que vienen, hasta que otras energías se afinen y optimicen.

Por cierto, también el lunes, Rusia anunció que empieza ya a suministrar combustible nuclear a Irán.

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