A buenas horas, mangas verdes, de Jordi Juan en La Vanguardia
EN DIAGONAL
La desfachatez con la que se actúa en el mundo de la política y en el que todo vale para descalificar al adversario lleva a sostener hoy cualquier insensatez sin ningún rubor. Se pueden hacer todas las lecturas interesadas del balance de la legislatura que ahora termina pero lo que es evidente es que Zapatero no ha culminado sus dos grandes apuestas: la reforma territorial y el fin del terrorismo de ETA. Se podrá discutir si las intenciones del presidente eran sinceras u obedecían a un mero tacticismo, pero es obvio que hoy no estamos mejor que cuatro años antes en estas dos cuestiones. Si a esta situación se le suma la inestabilidad que se cierne sobre la economía, es posible que en otra democracia normalizada la alternancia del gobierno se daría como algo más que probable. En cambio, en España, existe la sensación generalizada de que Zapatero volverá a ganar y en Catalunya incluso se especula con un derrumbe del PP.
Hay quien ha dicho y escrito, sin embargo, que es un éxito colosal que Mariano Rajoy llegue al final de la legislatura con opciones de victoria. Son los mismos que denuncian que España ha perdido peso en la esfera internacional o que se ha reabierto el enfrentamiento entre las dos Españas con la ley de Memoria Histórica. Si Zapatero lo ha hecho todo tan rematadamente mal, lo que no puede explicar este discurso son las causas por las que todavía va por delante en las encuestas. Además, como alguien parece olvidar ahora, el PP habría ganado las elecciones del 2004 de haber gestionado mejor el 11-M y sin haber provocado la consiguiente movilización de mucha gente en su contra.
Es muy posible que si el PP hubiera hecho una política más moderada estaría ahora delante de las encuestas y la etapa de Zapatero sería recordada en los libros de historia como una anomalía fruto de los atentados del 11-M. Rajoy parece haber entendido ahora, en el último minuto, el mensaje que se le ha lanzado durante toda la legislatura de que había que centrarse. Sus discursos son ahora en clave positiva y se ha aparcado por unas semanas a los ínclitos Acebes y Zaplana. El mejor ejemplo de este nuevo clima es su web electoral, donde se nos ilustra con una biografía dulcificada y melosa de Rajoy en lugar de las consabidas invectivas contra los socialistas. ¡Ay, don Federico, qué poco caso hacen a sus sermones en la radio!
Lo curioso del caso es que quien más propaga la igualdad entre socialistas y populares son los estrategas del PSOE por temor a la desmovilización de la izquierda si corre la voz de que Zapatero ganará sin problemas. Los populares van a su bola y buscan el voto provincia a provincia, contando aquellas en las que perdieron por unos centenares de votos. Pasarán el rastrillo por ejemplo, por Teruel, Pontevedra o Salamanca, pero sobre todo venderán el giro al centro.
¡A buenas horas, mangas verdes! Después de todo lo que ha hecho el PP en los últimos cuatro años, la imagen que de él tienen muchos votantes no cambiará en el último minuto. Es curioso que al final el mejor argumento que sigue teniendo Zapatero es el de evitar un triunfo del PP. Y no hay más.
Algo más que un partido
Los gobiernos de Catalunya y Euskadi quieren rodear al partido amistoso entre sus dos selecciones con la mayor parafernalia posible para reivindicar algo más que un encuentro de fútbol. El vicepresidente del Govern, Josep Lluís Carod-Rovira, se desplazará a Vitoria para entrevistase con el lehendakari Juan José Ibarretxe y juntos presidirán el partido el próximo sábado 29 de diciembre. La Plataforma Pro Seleccions organiza un viaje en autocar con entrada garantizada por 40 euros.
Semana decisiva
José Montilla y Artur Mas ni tan sólo hablaron en su entrevista del viernes sobre la composición del futuro consejo que gobernará la televisión y radio catalana. No es que el tema sea lo más importante para el país, pero es un símbolo del interés de los partidos por controlar los medios. Mas y Joan Manuel Tresserras esperan lograr esta semana el acuerdo. Si no fuera así, se aparcaría seguramente su composición hasta después del 9-M, lo que sería un escándalo.
Parados hasta abril
Y es que la cita electoral marca demasiado la estrategia de todos los partidos. Así es difícil llegar a cualquier tipo de pactos. Lo que afectó a Montilla y Mas es lo mismo que influye en la negociación de la comisión bilateral entre el Estado y la Generalitat. Con las elecciones a la vuelta de la esquina, el Gobierno negocia a la baja.
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