CUADERNO DE MADRID

Hombre, mira quién nos visita, ¡el català emprenyat! Bienvenido a casa y feliz Navidad.

- Lo mismo digo, amigo toro. ¡Cuánto tiempo! Creo que la última vez que nos vimos fue en junio; sí, en junio, cuando le presenté al señor David Madí. ¿Lo recuerda? Un joven nacionalista catalán.

- Catalán y afrancesado. Lo recuerdo. El joven Madí andaba entonces muy enamorado de Nicolas Sarkozy. ¡Ahora tendrá que compartirlo con la señorita Bruni! Salúdelo de mi parte.

- Veo que no ha perdido el humor. Jocoso, como siempre, y ahora, por lo que observo, un poco payaso. ¿Quién le ha puesto ese gorro? ¿No le da vergüenza, usted, que murió en el ruedo entre clarines?

- Exigencias de la nueva economía de servicios, amigo Juliana. Hay que entretener a la clientela.

- Pero también hay que mantener las formas. Un auténtico senequista jamás debiera perder las formas...

- Amigo mío, un senequista, ante todo, debe sentir un gran respeto por la realidad. Y hoy en día, no hay negocio sin fantasía. Ni política, sin fantasía. Fíjese en Sarkozy, ¡qué puntazo!

(El lector quizá ya se habrá situado. Tras dilatada ausencia, hemos regresado al bar La Torre del Oro, en la plaza Mayor de Madrid, donde mora Segador, toro parlante, lector de Nietzsche, de don Ramón María del Valle-Inclán, del sabio Sloterdijk y de la prensa diaria. Habla el toro con una única condición para el trance: hay que ingerir dos o tres tazas de caldo con manzanilla en invierno; o de gazpacho con sabor a comino en verano.)

- Seriedad, dice el catalán. ¡Mira quién habla! Le supongo perfectamente enterado de lo mucho que le va a costar sacarse de encima esa etiqueta pegajosa del català emprenyat. Se ha condenado usted al costumbrismo.

- Será por la ironía. Las palabras, una vez escritas, ya no te pertenecen. Mi intención, muy al principio, era otra: me refería al tipo poseído por un mal humor recalcitrante, voluntarioso e irremediable; un mal humor narcisista. Es una identidad creciente en aquellas zonas de la Europa acomodada -el norte de Italia, por ejemplo-, que creen ir a menos y se sienten mal protegidas por el Estado. También podríamos hablar del padano incazzato, e incluso del português fodido.

- No me llore, que les acaba de tocar la lotería. ¡Maleni trae suerte!

- No es lloro. Europa es hoy una superposición de estados de ánimo. Gracias a Maleni Álvarez y su toque mágico -ojos de reina mora y desfachatez meridional-, el català emprenyat se ha convertido en un auténtico frame.

- ¿En un qué?

- En un marco. En un marco mental.

¿Acaso no lee usted a George Lakoff? Debe de ser el único en Madrid que no lee al americano Lakoff. La campaña electoral que viene será muy lakoffiana: lucha de metáforas; lucha de imágenes; lucha de emociones. Circularán muchos vídeos.

- Yo ahora estoy con las Esferas de Sloterdijk. Una trilogía extraordinaria.

- Ahora entiendo lo del gorro. Se está usted volviendo majareta con la fenomenología del espacio. Dice Peter Sloterdijk: "La cuestión ya no es, como planteaba Kant, averiguar lo que nos es lícito esperar, sino saber en qué punto de la inmensidad estamos". ¡Uf! Vaya con cuidado con el alemán visionario.

- ¿Sabe usted en qué punto de la inmensidad nos hallamos?

- Sinceramente, no.

- En el del conejo.

- Majareta total.

- Navidades con conejo. Esa sí que es buena una metáfora. No sabe cuánta pegada está teniendo en Madrid.

- ¿Se refiere al alto cargo del Ministerio de Agricultura que ha recomendado comprar carne de conejo para ahorrar?

- No se habla de otra cosa; se lo digo yo que ausculto la plaza Mayor.

- Pero la gente no para de consumir.

- Claro. ¿Acaso no conoce usted a los españoles? Ande yo caliente y ríase la gente. El muerto al hoyo y el vivo al bollo. A vivir que son dos días...

-... Pan para hoy y conejo para mañana.

- Ahí voy. Que se ande con tiento Zapatero, porque esto huele a empate.

- Prometo volver antes del 9 de marzo y lo hablamos.

- ¡Adéu siau, emprenyat! Jo, jo, esa etiqueta no se la quita ni con Sloterdijk.

- Es mi esfera.