Charles Tilly explicó en Coerción, capital y los estados europeos 990-1990 cómo la guerra fijó las fronteras europeas. Esta semana, la paz y la cooperación han borrado de un plumazo las fronteras europeas que aún existían desde el Báltico hasta Portugal, con lo que más de 400 millones de europeos podrán circular libremente después de que nueve estados se hayan sumado a los quince que crearon el llamado espacio Schengen en 1985.

Europa ha sido escenario de una evolución en la que el Estado nación triunfó sobre los imperios y las ciudades estado como forma de organización política. Y estos estados, después de cambiar el mapa con la guerra, han renunciado a ser hegemónicos. El cambio comenzó después de la Segunda Guerra Mundial, una vez comprobado que el equilibrio de poder también terminaba en guerra. Admitir esto le costó a Europa más de sesenta millones de muertos en el siglo XX.

El mundo ha conocido tres tipos de orden internacional. Primero, en la antigüedad, la estabilidad y la paz dependían del imperio. Este orden fue superado en Europa con la aparición de los estados nacionales. En este nuevo orden, ya moderno, la estabilidad no dependía de la hegemonía del fuerte, sino del equilibrio de poder entre los estados nacionales, que surgió con la paz de Westfalia (1648) y se extendió, por lo menos en Europa, hasta 1945. El siglo XX será recordado por el estallido de dos guerras mundiales, pero también por haber sido una época en que se intentó superar el orden moderno, estructurado por el equilibrio de poder, con la creación de un sistema basado en los organismos internacionales. Europa también ha sido la cuna de este tercer tipo de orden internacional, en el que la estabilidad y la paz no las deben proporcionar ni el poder del imperio ni el equilibrio de poder, sino que la seguridad está en función de la cooperación, la integración y la renuncia de la soberanía entre los estados.

Los miembros de la Unión Europea se caracterizan por compartir la soberanía, por integrarse en organizaciones intergubernamentales, por renunciar al uso de la fuerza entre ellos y por buscar la seguridad en la mutua vulnerabilidad. Todo lo contrario que Estados Unidos, que es un Estado moderno, es decir, intransigente en la defensa de los principios de soberanía y de no injerencia, y cuya política exterior busca la hegemonía o, si no hay otro remedio, el equilibrio de poder.

En una entrevista concedida a The Wall Street Journal,Henry Kissinger se ha lamentado de la crisis del Estado nación, pero sobre todo de por qué Estados Unidos y Europa, pese a lo que les une, tienen difícil llegar a un consenso. Para Kissinger, Europa se ha convertido en una potencia blanda que no quiere pedir sacrificios a sus ciudadanos. El Estados Unidos de Bush, por el contrario, encabeza el grupo estados que sospecha de todo lo supranacional. Es decir, ¿va la Unión Europea por el mundo con el paso cambiado o es el resto del mundo el que tiene que cambiar el paso?