Hace unos siglos que sufrieron prisión en Nápoles y en ella escribieron dos personajes que están entre los que mejor definen el siglo XX. El uno fue Tomasso Campanella, delirante utopista sociológico, que hasta creía que debían socializarse las mujeres, cuyo nombre incluso recoge el famoso monolito de la plaza Roja de Moscú, dedicado a los genios de la revolución. Acaso por ahí se entiendan los enormes disparates leni-estalinistas.

El otro fue Antonio Serra, sagaz economista y primero en teorizar el motivo de por qué Venecia, siendo un pantano, era riquísima, pues había entendido que el quid del progreso residía en la industria, diversificada y concordante, con costes decrecientes. Mientras, Nápoles, siendo rica de natural, hacía lo contrario y resultaba un desastre. Por cierto, léase Globalización de la pobreza, de Erik S. Reinert (Ed. Crítica).

Bien, pues ahí reside el gran problema de Latinoamérica, cuyos líderes más significativos, desde Chávez y otros botarates hasta quienes esquilman México, serían napolitanos, mientras la América del Norte es veneciana.

O sea, que a aquellos al fin les triunfa el efluvio del monolito moscovita. Aunque algo hay que añadir a propósito de Evo Morales, cuya listeza puede ser inferior a su sentido ético. Pero intenta levantar una república indígena, y no otra pirámide habitual en el continente, con los ricachones arriba y manipulando las regiones ricas del país. Y por ello se le ataca, pero si los irlandeses, kosovares, palestinos, valones y flamencos, quizás vascos y catalanes, pueden tener derecho a poseer sus propias vidas y tierras, ¿por qué no estos indígenas, condenados desde la lejanía histórica española a la espantosa servidumbre?

La que ha continuado: ¿en qué ha parado la reparación que se les debe en el bestial proceso guatemalteco?, o ¿qué ha hecho Lula en Brasil? Y quien lo dude, que vaya al lago Atilán o al río Negro, para citar sólo dos submundos suyos que conozco.

Y en Chile, sucesivo modelo progre, fascista y liberal, siguen los mapuches o wallmapuwden, 800.000 individuos, arrinconados y desposeídos. Para, si protestan, hundirlos en la cárcel de la señora Bachelet. Ysi los de Morales son cocaleros, ¿qué otra cosa pueden ser, lectores de la inútil y tópica Declaración sobre los Pueblos Indígenas, parida por las Naciones Unidas?

Así que Campanella resulta peor para los pobres que para los ricos, en contra de lo que pueda creerse. Por ello sigue Castro su modelo y llega a otro delirio, pues con el turismo sexual hasta ha socializado a las chicas, y encarcela a los que obliga a padecer sus ideas.

En fin, que estamos en Navidad y acaso porque Marx leyó mucho a nuestros napolitanos, un año sólo se me ocurrió pasarla en su ciudad natal, Tréveris, ante cuya siniestra Porta Nigra pensé mucho en aquel niño que no veía otro horizonte. Pero hogaño descorcho una densa botella de Celeste, la nueva bodega de Torres en Ribera del Duero.