Aunque pueda sonar raro, hay arquitectos en España que defienden el modelo urbanístico representado por Benidorm. Aseguran que tiene mucho menor impacto en el entorno del que tienen, por ejemplo, las urbanizaciones de la sierra de Madrid. Las cifras les dan la razón; el porcentaje de riqueza que Benidorm aporta a la comunidad valenciana es mucho mayor que el de la superficie que ocupa. El hacinamiento vertical es más sostenible que el horizontal, lo que no quiere decir que sea siempre la mejor opción. El arquitecto Santiago Calatrava ha hecho en Jovellanos un esfuerzo considerable por condensar el impacto que las edificaciones tendrán sobre el suelo de la parcela. Lo que no ha podido evitar es el efecto en su espacio aéreo. Durante la presentación que hizo del proyecto insistió en la idea de que el suelo es sagrado y el principal patrimonio de los ovetenses, por eso ha ideado cinco edificios que sólo tocan tierra en el 20 por ciento de la parcela. El resto; árboles, estanques y paseos. El problema no está pues en tierra, sino en el cielo. Para que la operación sea rentable, Calatrava ha tenido que multiplicar por tres el número de viviendas previstas y eso le ha obligado a optar por el modelo Benidorm, convenientemente modernizado. Pero no está claro que el sky-line ovetense, mucho más clásico que el levantino, pueda resistir las tres torres de 35 pisos que propone, por muy estilizadas que sean. Se notaba en las caras de los concejales durante la presentación, alcalde incluido. Son los riesgos de un artista que, como todos, busca la provocación y la sorpresa.

Nacho Monserrat. Periodista.