Salía el paisano de su apartamento en la calle de López, 92, en el centro de la ciudad de México, en la primavera del 42. Allí residía exilado en 60 metros cuadrados y dos habitaciones: en una dormía con Severina, en la otra lo hacían Rafael, Pura y sus dos hijos. En el salón, sobre los sofás, Urcesino y Agripino, sus otros hijos. Caminaba con sus cajas de alpargatas -que vendía para vivir- por aquellas calles extrañas tan diferentes a la de su Asturias natal. Al llegar a una zapatería se encontró con el propietario, también asturiano emigrante económico, quien, después de escucharlo y ver sus productos, en confianza, le dice: «Usted es exilado político, ¿verdad? Qué bueno encontrar a un hombre trabajador como usted, porque aquí han llegado cada caso... Bueno, hay uno, Belarmino Tomás, que se robó todo el dinero de Asturias». El paisano, curtido por la vida y la lucha, se le quedó mirando y le dice : «Yo soy Belarmino Tomás». Ahí entendió Belarmino la feroz campaña que el franquismo había desatado en contra de los mineros asturianos -y de él en particula- por defender los derechos de los mineros, por la Revolución de Octubre del 34 y por el Consejo Soberano de Asturias y León del 37.
En 1907 se incorpora a la Agrupación Socialista de Sama. Manuel Llaneza lo impacta y desde muy joven le atraen las luchas sociales tan íntimamente ligadas al trabajo de los mineros, trabajando en el pozo Fondón. A los 16 años es miembro de la Ejecutiva del Despertar Minero; luego, en Gargantada, formó la Sección Sindical del Pueblo, el Sindicato de Trabajadores local, la Agrupación Socialista y las Juventudes Socialistas. Más tarde, en 1919, es elegido presidente del Sindicato Minero y logra la jornada de 7 horas para los trabajadores de dentro de la mina.
Con el tiempo, el esfuerzo del minero por arrancar el carbón de las minas, la lucha sindical en ascenso que se daba en la zona en aquellas épocas fueron curtiendo la piel y el carácter de Belarmino y, tras muchas luchas, le toca en 1931 que un hombre por el que sentía una profunda admiración muriese en sus brazos el 24 enero de 1931: Manuel Llaneza.
A partir de ese momento y hasta la promulgación de la Segunda República Española, la vida de Belarmino, ya con tres hijos, inicia un proceso personal, sindical y político que culminaría el 5 de octubre de 1934 con lo que se conocería como la Revolución de Octubre. Encarcelado, saldrá liberado en 1936 al ser electo diputado por el Frente Popular. Por el respeto adquirido se le nombrará un año más tarde, al defender el Frente Norte, gobernador del Consejo Soberano de Asturias y León.
Dos generaciones de asturianos y de españoles fueron educados por el franquismo deformando todo lo que significó aquella época. Habrá que analizar, serenamente, qué fue la Revolución de Octubre y qué significó la 'soberanía' del Consejo de Asturias y León. Por ello, muchos mantenemos lo importante que es recuperar la Memoria Histórica. El pueblo que quiera tener futuro debe aclarar su pasado.

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