TRIBUNA

Hemos asistido recientemente a un debate en torno a las empresas catalanas en el que se ha cuestionado su dimensión e incluso su falta de excelencia. Tal debate debe lógicamente enmarcarse en uno más amplio sobre la actual situación del país, en el que personalmente he echado en falta referencias al papel de los profesionales, que tradicionalmente se han denominado liberales, catalanes. Y aunque en los últimos años se han ido reduciendo las diferencias existentes entre la actividad empresarial y la profesional, todavía hoy podemos distinguir con cierta nitidez entre una y otra, a pesar de algunas opiniones en contra.

Tres son las notas características de la actividad profesional: que constituye un trabajo intelectual que requiere de una formación reglada específica, su independencia y el sometimiento a una normativa deontológica determinada. Pues bien, Catalunya dispone de excelentes profesionales que han destacado en muy distintos campos. Nadie, por ejemplo, puede poner en duda el enorme prestigio de muchos médicos y arquitectos catalanes de renombre internacional.

La abogacía catalana está también a muy alto nivel. Catalunya goza de una sólida y consolidada tradición jurídica; sus juristas han destacado en la práctica totalidad de las ramas del derecho y han sido abogados catalanes los autores de algunas de las más importantes obras de la literatura jurídica del siglo XX. Además, no podemos olvidar que en Catalunya han nacido algunos de los mejores despachos europeos, y no solamente de entre los más grandes. Consideraciones análogas podrían sin duda hacerse respecto de la gran mayoría de las actividades profesionales que se llevan a cabo en el país, como las de los economistas e incluso de los publicitarios y diseñadores, por poner ejemplos de profesiones colegiadas más modernas.

En ese contexto, las antes citadas notas características de la actividad profesional (formación, independencia y deontología) hacen especialmente valiosas las aportaciones de los profesionales, que sin embargo no están teniendo el protagonismo que merecen en las actuales circunstancias. Por todo ello, cuando es tan evidente que a la sociedad civil catalana le corresponde en estos momentos tener un papel determinante, resulta imprescindible contar con sus profesionales, sus opiniones y sus ideas, que son cada vez más necesarias; y por tanto también con sus respectivos colegios profesionales, que tan destacado papel han tenido en nuestro reciente pasado.

Los profesionales liberales catalanes en general, tanto individual como colectivamente, deberían tomar conciencia de su relevante función, asumiendo la correlativa responsabilidad que de ello se deriva, y la clase política tomar también buena nota de ello.

Francisco Tusquets Trías de Bes. Abogado y profesor de Derecho Mercantil UB