Desayuno con Europa Press, de las pesquisas de Marcello en Estrella Digital
Suponemos que, por orden de Rajoy, el PP este año no ha querido festejar la Navidad con los notorios representantes de medios de comunicación, tal y como se hacía antes en ese partido y como lo hicieron con buen alarde de pluralismo y de respeto a la crítica tanto el PSOE, bajo la batuta de José Blanco y con la ayuda de Hernández, como el presidente Zapatero, con la colaboración de la vicepresidenta De la Vega y del secretario de Estado Moraleda. Pues bien, en el PP no han sido convocados todos los que son, sino que todo apunta a que ya existen listas negras de informadores y de columnistas, y si son independientes y adictos al PSOE, con más motivo. Listas que suponemos las fabrica Carmen Martínez Castro, ¡ay, Carmela!, bajo la atenta vigilancia de Acebes, lo que da idea de lo liberales y demócratas que son. Amén de listos, porque este tiempo de precampaña electoral parece el más apropiado para este tipo de vendettas y desaires.
En el PP ya no se conforman con que el trío de la bencina conspirativa del 11M, Acebes, Zaplana y Aguirre, esté dedicado a meter la mano en las empresas y los medios de comunicación de la órbita del PP, favoreciendo a unos y machacando a otros, sino que ahora se hacen listas negras de esos periodistas independientes a los que, dicho sea de paso, los organizadores de los desayunos de Europa Press llaman, por escrito y con absoluta falta de respeto, “tertulianos” (sic). “Que pase don Mariano José de Larra, el tertuliano”, imaginamos que diría el don Asís, en otro tiempo. Pues bien, todos tertulianos y ¡vivan los clubes de fanáticos! de este o aquel partido.
Y en este desayuno de Europa Press (y en otros similares), ¡fuera de aquí los periodistas! En la primera línea de mesas, faltaría más, que se sienten sus excelencias las autoridades de la nación y de Madrid. Luego, sitio a los banqueros, después los empresarios, más allá los bufetes de abogados y los políticos de medio pelo y profesión, después los jefes de prensa, y al final, en el fondo del salón, que se sienten los “tertulianos”. Y si no queda sitio que se vayan a la cocina a ver el espectáculo por televisión, y que les den un bollo y café.
Porque, en esa mañana gloriosa y pasada por nieve, fue a desayunar ese gran estadista mundial que se llama don Mariano Rajoy. Y aprovechó la ocasión para lucir su andrajoso liderazgo y hacer unas cuantas cabriolas y gracias delante de sus más aguerridos barones, mientras se destrozaban a patadas las espinillas, por debajo de la mesa, para ver quién de ellos le sustituirá a su muerte política, que está al caer. Ya tiene muy mala cara.
Nadie da, ni siquiera de propina para contradecir a Solbes, un duro por la victoria electoral del PP. Aunque en este partido todavía tienen mucha fe, no en ellos mismos, sino en los españoles, a ver si en un arrebato de plena lucidez deciden sacar a Zapatero del poder y poner en la Moncloa al don Tancredo de Pontevedra. A este don Gil de las Calzas Verdes que se da tanta importancia, que levanta la barbilla frunciendo la mirada, como si fuera el mismísimo Rasputín y nunca dice ni hace lo que debiera decir o hacer.
Y ya verán ustedes el asombro y el encantamiento que van a producir en más de media España las listas electorales del PP. Y tómense una tila o un coñac doble para cuando conozcan los nombres de los que podrían ser los ministros de Rajoy si el día 9 de marzo consiguiera, por un milagro de Fray Leopoldo de Alpandeire, llegar al poder. Y pónganse todos los cinturones de seguridad, y no fumen, mientras se deleitan leyendo apasionadamente el programa electoral que está redactando con pulso caligráfico Juan Costa, de quien dicen sus ex compañeros de Gobierno que sólo logrará completar la mitad, porque llega a las 12 de la mañana a su despacho de Génova y a las seis de la tarde se tiene que marchar.
¡Qué bonitos son los desayunos de Europa Press!
