Fijaciones, de Javier Castañeda en Los Blogs de La Vanguardia
Siempre he pensado que la fijación está íntimamente relacionada con la obsesión. Fijarse en algo y volver recurrentemente una y otra vez sobre el mismo tema, probablemente sea un tipo de obsesión, bien esté tipificada o no como tal. Algunas palabras como ésta, suelen traer a su espalda una mochila cargada con funestas sombras de connotaciones peyorativas, pero no siempre es así. Una excepción podría ser el caso del excelente blog de Marta Pereyra, Fijaciones, cuyo interior ofrece un trufado de suculentas obsesiones fotográficas que darían para escribir no uno, sino varios artículos. Pero aunque la tentación es fuerte, dejaré tan sugerentes encuadres de mágica luz para otro día, y entraré de lleno en una fijación planetaria que tiene mucho tanto de fijación, como de obsesión adictiva: la telefonía móvil.
En primer lugar, un dato espectacular o escalofriante, según se mire: actualmente existen en el mundo más de 3.300 millones de teléfonos móviles. Como recoge un reciente informe del "Financial Times", estamos ante una cantidad suficiente para abastecer al 50% de la población mundial, lo cual implica que –aunque sea teóricamente- casi la mitad de la población mundial podría tener uno. En ese crecimiento sostenido del 18% durante 2007, han tenido mucho que ver países como India y China, dos gigantes en desarrollo, que viven casi una fiebre de movilización. No en vano, sólo en China, el mercado de los juegos para móviles ha logrado más de 10 millones de euros de ganancia y se prevé que crezca un 150% al año hasta 2010. Si pensamos en Europa, 1 de cada 5 hogares europeos ya no tiene una línea fija de teléfono, sino que han optado por la telefonía móvil. En el caso de España, el número de móviles se ha multiplicado por 12 en los últimos 9 años, ya que, sólo 8 de cada 100 habitantes tenían móvil en 1996, frente a los 99 de cada 100 de 2005; aunque, afortunadamente, no es el caso de Luxemburgo, donde se registran 158 móviles por cada 100 personas, es decir, que van camino de dos móviles por persona. ¿Fijación u obsesión?
La telefonía móvil goza de muy buena salud como es obvio y, probablemente, uno de los factores de esa vigorosidad sea que, en gran medida, la obsesión por el celular se halla estrechamente ligada al glamour que hoy desprenden los móviles. Harta de parecerse en todo al vecino, la gente encuentra en su móvil un elemento de distinción, además de un fiel reflejo de su propietario: por el tipo de móvil identificarás a su dueño. En este punto se produce una estampida de los diseñadores famosos hacia un nuevo nicho de mercado, que aún parece una mina por explotar: la obsesión por intentar conseguir una identidad exclusiva. Según refleja el periodista Ramón Muñoz, "el móvil es algo más que un aparto para comunicarse. Es todo un símbolo del carácter de su dueño, un objeto tan personal como el cepillo de dientes, con la diferencia de que a nadie le preocupa la marca del cepillo del vecino". Un objeto de presunción que no ha tardado en captar la atención de marcas como Prada, Levi's, Mandarina Duck, y un largo etc. Eso por no mencionar al rey de la fiesta, el más esperado y sexy de todos: el iPhone. Aunque en este caso, como en los móviles de más alta gama, ya no hablamos de un simple teléfono; sino de una auténtico ordenador portátil de reducido tamaño que cuenta con una gran capacidad para almacenar fotos, vídeos, música, navegar por Internet o jugar como en una videoconsola, además de, obviamente, su más básica función: hablar por teléfono.
Así las cosas, parece que son pocos los que están realmente dispuestos a quedarse fuera de cobertura, y eso que aún no ha llegado toda la invasión de la publicidad en el móvil. Según un reciente estudio sobre tendencias de publicidad en el móvil, "9 de cada 10 usuarios darían permiso para recibir publicidad en el móvil, si con ello obtuvieran descuentos en la factura telefónica". Conmigo que no cuenten. Por el contrario, empiezan a ser una auténtica especie en extinción aquellos que han conseguido mantenerse ajenas a la movilmanía. Esgrimen orgullosos que "no necesitan estar disponibles las 24 horas del día para nadie"; que "más que ayudar a la comunicación, el móvil aísla"; "que la mayoría de la gente lo sobreutiliza" o que "el desarrollo de la tecnología moderna no satisface las verdaderas necesidades de la gente". Quizá sea interesante dejar de tener las mismas fijaciones que todos y volver a fijarse en los teléfonos fijos que, además, para todos los que gozan de tarifa plana son gratis. ¿O acaso hace 10 años nadie se comunicaba?
