“La energía es una variable estratégica para el desarrollo y estamos a las puertas de una crisis de oferta mezclada con un problema serio de calentamiento global. La buena noticia puede ser que la revolución tecnológica es menos dependiente, en general de las energías fósiles. La mala es que un horizonte sin energía para todos puede producir tensiones crecientes para su reparto”. Esta es una de las reflexiones esbozadas por un autor poco pródigo pero de gran predicamento dentro de su parroquia. Con motivo del 25 aniversario de su llegada al poder, el cuñado de Slim, antes conocido como Felipe González, soltaba esta perla, entre otras muchas, en un discurso que las circunstancias políticas le impidieron pronunciar y que publicó íntegramente El Pais en su edición dominical del pasado dos de diciembre. Más allá del inevitable sesgo demagógico de su prédica, el párrafo seleccionado por un servidor debería servirnos a todos, -cambio climático, sí; cambio climático, no aparte- para llevar a cabo una severa reflexión, vista la realidad actual española.
No se puede negar la mayor. El aprovisionamiento energético es, para cualquier nación, una cuestión estratégica. Somos, mal que nos pese, homo energeticus. Necesitamos la energía para desplazarnos, calentarnos, producir bienes y servicios, entre otras muchas cosas. Energía y desarrollo se han convertido en conceptos hermanos, dada la mutua interrelación. Sin embargo, aunque la energía existente en el planeta es ilimitada, gracias al back to the basics que suponen los elementos naturales, lo cierto es que, a día de hoy, el principal generador de energía del mundo tiene alcance restringido y responde al nombre de combustible fósil, sea éste petróleo o gas. Un elemento sobre el que convergen una demanda creciente, una oferta perecedera, antes o después, y una falta de desarrollo tecnológico que permita mecanismos de sustitución de gran alcance a corto plazo. Con un plus adicional. Su producción está en manos, en algunos casos, de monos con bombas a los que sólo importa su propia supervivencia política, lo que les obliga a tener, sistemáticamente, enemigos exteriores a los que culpar de sus propios males. ¿Por qué si no el reiterado eco chavista al mayestático por qué no te callas?
La escasez es siempre causa de conflicto. Y cuanto más escaso es el bien objeto de deseo, mayores son las contiendas que, bajo cualquier excusa, se inician con objeto de asegurarse su aprovechamiento. El acopio comercial nace así como un mecanismo de prevención. En un doble sentido. Hacia fuera, cuyo ejemplo más reciente lo tenemos en China y su desembarco brutal en los países africanos bajo un modelo de infraestructuras a cambio de materias primas. Y hacia dentro, lo que justificaría la aparición de la, tan denostada por algunos, teoría de los campeones nacionales que choca contra los principios del liberalismo. Pero hasta la libérrima Esperanza Aguirre ha entendido, caso Iberia, que el límite para las concesiones al libre mercado se fija en cuando está en juego el interés nacional/regional. Y siendo así, no es de extrañar que la mayoría de los países hayan entendido que si hay un sector sobre el que hay que actuar de forma directa es el energético. El proteccionismo tendría aquí pleno sentido.
¿Dónde quiero llegar? Bien. Lo que ha ocurrido con Endesa es exactamente lo contrario a lo que aconsejaba el bien común, entendido en los términos del párrafo anterior. Desde ese punto de vista no era buena entonces la solución alemana ni lo es hoy el dominio italiano, que es, en definitiva el que carda la lana, aunque otros se empeñen en tener la fama. Más allá de las noticias del posible conflicto existente en el seno de la que fuera compañía eléctrica de bandera española se halla una cuestión de mucho más calado. Siendo Enel como es una compañía semipública italiana, ¿a qué intereses servirá en caso de escasez de suministro de gas, por poner sólo un ejemplo?, ¿dónde estará su prioridad? ¿En la bota o en la piel de toro? La ecuanimidad se puede creer sobre el papel. Pero, ¿qué ocurriría si llegara a presentarse la encrucijada? Es decir, Felipe González ha anunciado las consecuencias de una realidad, la del riesgo del suministro energético, cuya causa está en el gobierno socialista que alaba en su artículo. Y es que cuando uno se acuesta con niños, pues ya se sabe. Buen fin de semana a todos.

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