El informe de educación de la OCDE (informe PISA) ha dejado en mal lugar al variopinto sistema educativo español, pero nuestros gobernantes, en vez de hacer un propósito de enmienda, se han apresurado a interpretar torticeramente los resultados. La palma de la retórica falaz se la ha llevado la consejera de Educación de Andalucía, quien, para explicar el empeoramiento de los resultados en su región, se escudó en los bajos niveles sociales, económicos y culturales de los padres de los alumnos y en el PIB andaluz. Le respondió con precisión el portavoz de la Asociación de Profesores de Instituto de Andalucía, Gonzalo Guijarro: «Hace tres años los padres eran los mismos y hemos ido a peor. Los resultados del 2003 eran malos y los de ahora peores». ¿Lo habrá entendido ya la consejera o seguirá entretenida en buscar alguna nueva excusa?
Tampoco estuvo muy fino el presidente Zapatero al restarle importancia a los resultados por el histórico retraso que acumula España. Según nuestro presidente, el problema estriba en que ha habido muchas generaciones con un bajo rendimiento, «fruto del país que teníamos». Y añadió con desparpajo: «Podremos establecer el reloj a cero comparativo cuando haya una generación en España que haya tenido un porcentaje de educación más allá de la enseñanza obligatoria igual al de la media europea». Todo, menos reconocer unos males que es capaz de enunciar cualquier profesor inmerso en el proceso.
El propio Gonzalo Guijarro ha criticado la actual «pedagogía comprensivista», en la que «para garantizar la igualdad social de los alumnos se les amontona sin orden ni concierto, se les promociona por edad y no por esfuerzo o méritos y se les priva de cualquier capacidad de decisión». Otro profesor, Francisco Hidalgo, portavoz de CSI-CSIF, señaló como causas del fracaso educativo la inestabilidad del sistema -que lleva cuatro leyes en pocos años-, la ausencia de una cultura del esfuerzo y la pérdida de autoridad del profesorado. Hidalgo les pide a los políticos «que se bajen del burro y pacten un sistema educativo que quede al margen de la contienda política». ¿Los está escuchando alguien?

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