VIEJO ESPECTADOR
Ha llovido durante el otoño un poco más de la cuenta. Ha habido incluso inundaciones en Andalucía y Valencia, sin que esta vez quedaran fuera las islas Baleares. Sin embargo, Catalunya se mantuvo marginada de los aguaceros. Otras veces ha ocurrido lo contrario. Pero siempre hay carencias en la franja mediterránea, donde llueve poco y mal. Cara al invierno es de temer menos agua pluvial y habrá que esperar a la primavera - antes decíamos "en abril, aguas mil"- para que caiga agua del cielo. De todas maneras, la nieve y el agua están en los Alpes y no en los Pirineos. Aun así, su vertiente septentrional, con menos horas de sol, guarda más nieve que la meridional.
¿Periódica sequía o signo precursor del cambio climático que tanto preocupa a todo el mundo? En algunos pueblos de Catalunya han empezado las restricciones de agua. No es extraño, pues, que acabe de oír evocar por alguna emisora de radio el pretérito intento de la traída de agua del Ródano. Esta cita meha rejuvenecido, pues hace cerca de diez años publiqué una crónica después de una visita a Arles, junto con los que formábamos parte de la junta directiva de la asociación de amistad franco-catalana Diàleg. Allí, entre prados, aparece el majestuoso Ródano, un pequeño brazo del cual se separa del cauce para seguir un recodo antes de volver al río. En ese recodo existe una moderna construcción que inauguró De Gaulle, garantizando con ello su grandeza. Alberga seis turbinas dispuestas para elevar el agua unos seis metros y situarla en el llano del Languedoc, para regar campos principalmente de Montpellier y Narbona. Para ese menester se utilizan cuatro de las seis turbinas. Así pues, el agua resultante del trabajo de dos de ellas es lo que la Compañía de Fomento del Bajo Languedoc ofreció a Barcelona. La única dificultad de la traída del agua es que el acueducto debía perforar, junto a El Pertús, las estribaciones pirenaicas. Como alternativa había la posibilidad de sumergir la tubería en el mar y contornear el cabo de Creus. La traída de agua del Ródano no sería más costosa, según los cálculos, que el hipotético trasvase del Ebro hasta Barcelona, del cual se habló años atrás, con las protestas de los aragoneses y los del delta del Ebro.
¿Pero por qué hablo como si todavía fuera posible esta traída de agua del Ródano? Ignoro en qué momento se cortó la posibilidad de la oferta francesa. Primero apareció en Barcelona un enviado del Fomento del Languedoc antes citado. El señor Francis Imbert se entrevistó con dirigentes de la Generalitat y se mostró bastante optimista hasta que le dijeron que al tratarse de un proyecto de cruce de fronteras, sólo el Gobierno de Madrid estaba capacitado para decidir. Se fue a Madrid y allí topó no sólo con falta de interés, sino con claras negativas. La ministra del PP Isabel Tocino dijo que el país, con el Plan Hidrológico Nacional, no necesitaba aportación exterior. Igual posición adoptó el ministro Jaume Matas, que había ensayado el traslado de agua en buques cisterna desde el Ebro hasta Mallorca.
¿En qué se basaba la denegación de Madrid? En aquel momento todavía se pensaba que el Ebro mandaría agua a Valencia y quizá a Murcia y también, para equilibrar políticamente el proyecto, se dejaba una pequeña parte para Barcelona. Como es sabido, el plan hidrológico respecto al Ebro se vino abajo no sólo por la resistencia en Zaragoza y Tortosa, sino por comprobación científica de la imposibilidad de quitar caudal a un río que, especialmente en época de estiaje, se defiende mal del envite del agua del mar. A menos de un metro de profundidad el agua dulce se convierte en salada porque esta última, más pesada y con más empuje, penetra por debajo de la corriente fluvial.
¿Fue un mal entendido orgullo nacional la razón de la negativa de Madrid? Si así fuera, sería un gran error, porque ahora mismo se están construyendo torres metálicas en la frontera hispano-francesa, en su trecho catalán, para la traída de electricidad que Francia nos vende, como también lo hace a Italia y a Alemania. Gracias a sus centrales nucleares, que Francia construyó sin oposición, hoy es el único país europeo que puede vender electricidad. Si la UE hace ya tiempo anuló sus fronteras interiores para el paso de las mercancías de toda clase - numerosos son los camiones con productos franceses para sus comercios-, ¿por qué puede entrar el agua envasada y no la del Ródano?
Como en todo proyecto, siempre hay alguno indeseado. Los potentes sindicatos agrícolas del Languedoc se oponían a que el agua fuera utilizada por otros que no fueran los barceloneses en su área metropolitana o industrial. Es decir, no querían que el agua sirviera para el riego agrícola de los productos primerizos del Levante español, a los que los agricultores franceses han temido siempre. Lo demostraban volcando camiones en la cuneta o bien oponiéndose a la entrada de España en el Mercado Común, cosa que no consiguieron pero retrasaron. De todas maneras, los hectómetros cúbicos de agua que vendrían para Barcelona no serían tantos como para pasar parte más al sur.
La traída de agua del Ródano, por unas u otras razones, beneficiaría solamente a Barcelona y su contorno. Pero si así fuera no dejaría de ser territorio español. En todo caso, si en estos momentos fuera todavía posible reanudar el proyecto, se podría disfrutar de un hecho nuevo: el túnel que se abrirá cerca de El Pertús para el AVE podría aprovecharse también para la tubería o acueducto antes citado. Se presentaría una ocasión reclamada por Catalunya para poder decidir sobre sus infraestructuras.

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