AL ABORDAJE
El prestigio sensual de las aeromozas tiene una extensión literaria en Ilona llega con la lluvia. En esa entrega de la trashumancia de un gaviero que navega lodos y soledades, Maqroll participa como socio en un burdel panameño donde las prostitutas son obligadas a vestir uniformes de azafata que les dan distinción internacional y morbo fetichista. Ha salido ahora un calendario erótico de Ryanair donde las empleadas de la compañía recorren el camino inverso: si Alvaro Mutis cubría desnudeces con la corteza formal del uniforme, aquí los uniformes desaparecen para delatar esa mezcla de piel y queroseno que anuncia a las Afroditas tutelares de cualquier taller mecánico. Por supuesto, a los centinelas del moralismo progresista les ha dado un soponcio al atisbar un caso sexista de mujer usada como señuelo comercial.
Obsérvese que a esa policía de las buenas costumbres jamás la llaman a alarma los desnudos a lo Full Monty de bomberos, policías municipales o futbolistas con las prominencias retocadas por el Photoshop.
Aún está fresco en la memoria el posado de la soldado Pacheco para la revista Interviú. Si entonces no hubo escándalo entre el feminismo, fue porque se valoró a una mujer que ejercía su libertad contra una institución tenida por retrógrada. Las azafatas de Ryanair han elegido posar con la misma libertad. Y encima su propósito no es comercial, sino benéfico. Y aun así hay quien se ha sentido obligado por los tópicos bienpensantes a acudir a salvarlas como si fueran víctimas atadas a una estaca y ofrecidas en sacrificio al machismo. Qué canon puritano e intervencionista el de ese moralismo que es reaccionario a pesar de sus coartadas progres y patrulla la vida social para castigar el libre albedrío y vicios inocuos como el tabaco, el trago y las ligerezas de ropa. Y qué triste oficio de ex-seminarista reprimido, el del censor que a la vista anecdótica de un cuerpo exige que se apliquen los reglamentos indumentarios de la Sección Femenina.
Pareciera que aún tenemos pendiente la revolución de la minifalda de Mary Quant para lograr que una mujer se desnude cuando le pete sin que la repriman. Este tonto asunto del calendario demuestra, con las azafatas de Ryanair como ejemplo, que la cruzada moralista convocada por este Gobierno infantiliza al ciudadano y le arrebata por su propio bien la capacidad de tomar decisiones, ya se trate de fumar, de comer hamburguesas, o de posar en ropa interior dentro de la cabina de un avión para recrearse con un erotismo tan inocente y libre como cuando lo practican hombres que promocionan calzoncillos.
A todas ésas, cabe augurar que, de todos los aviones posibles, a partir de ahora será en los de Ryanair en los que con más insistencia se pulse el botón de llamada a la azafata.
© Mundinteractivos, S.A.

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