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13 Diciembre 2007

Debates Zapatero-Rajoy por televisión: sí, por favor, de Antonio Casado en El Confidencial

De repente, desaparecieron los vetos y las discrepancias internas del PP. Con inesperada sintonía, anoche se pusieron de acuerdo los segundos, José Blanco (PSOE) y García Escudero (PP). Habrá dos debates televisados Zapatero-Rajoy en las tres semanas previas a la jornada electoral del 9 de marzo.

Superado el estupor de que el aspirante dictara sus condiciones al titular, en el estado mayor de Génova se acabó abriendo paso la sensatez. O sea, la experiencia y los manuales de técnicas electorales. El aspirante, sobre todo si no es favorito en las apuestas, tiene la obligación de aprovechar cualquier oportunidad de medirse con el vigente campeón.

Lo chocante es que, en esta azarosa recta final hacia las urnas, retase el titular de la corona y fuera el aspirante quien pusiera las pegas. El colmo ya fue cuando ayer tarde, antes del encuentro de Blanco con García Escudero, el presidente del Gobierno -el mundo al revés- se mostró dispuesto a debatir con Rajoy "en televisiones públicas, privadas, dependientes e independientes".

Había sido la respuesta de Zapatero a las embarulladas excusas de Mariano Rajoy, que iba camino de cometer el mismo "error descomunal" que, según confesión propia, cometió hace cuatro años. Mareó la perdiz en la campaña de 2004 desde el poder y la había empezado a marear ahora desde la oposición. Ya sobraban los motivos para maliciarse una alergia insalvable del PP a este tipo de debates televisados que forman parte de la cultura política de nuestro entorno y antes o después acabarán siendo obligatorios por ley, como un derecho de los electores y un deber de los elegibles.

Los precedentes no le favorecían. Desde aquellos dos inolvidables cruces González-Aznar de 1993, el PP siempre hizo oídos sordos a la masiva demanda pública de un mano a mano televisado entre los dos primeros espadas del país. En 1996, Aznar, que creía ir sobrado -las urnas le bajaron los humos-, ya no quiso tentar de nuevo la suerte. En 2000, también sobrado -esta vez sí había motivos-, se carcajeaba con las peticiones de Almunia. Y en el 2004, Rajoy hizo concebir esperanzas a un Zapatero que, como era lógico, casi mendigaba un debate televisado. No hubo forma. Al final se vio que tampoco don Mariano estaba interesado en someterse al escrutinio de un debate televisado con su adversario electoral.

Aunque aún no se ha decidido en qué cadenas, finalmente veremos dos debates Zapatero-Rajoy por la tele. Buena noticia. Lo lógico es que entre Blanco y Escudero tampoco haya mayores problemas a la hora de ajustar fechas concretas, temas y otras cuestiones menores. Sin exigencias previas que no puedan ser negociadas. Y sin excusas. Tan rebuscadas habían sido las de Rajoy, que este martes se había salido de la curva al calificar de "independiente" a la cadena "Cuatro" de televisión o de "gubernamental" a la nueva TVE.

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