Cosas de los papeles

Hace algunos días prometí relatar aquí algunos chismes sobre la situación interna de varios medios de comunicación. No son gran cosa, pero contaré lo que sé. O, mejor dicho, la parte que puedo contar de lo que sé.

Un asunto está ya bastante aireado. ABC tiene a su director en la cuerda floja. El grupo Vocento quisiera poner a otro, pero el accionista minoritario, la familia Luca de Tena, veta el cambio. En este batiburrillo los dos aspectos que vale la pena subrayar son, por orden de importancia, que las ventas de ABC están en caída libre (primero, principal y confirmado) y que Vocento, por lo que me cuentan (segundo aspecto, secundario y sin confirmar), tiene la idea de que el director adecuado para sacar a ABC del agujero podría ser Casimiro García Abadillo, actual no-sé-qué de El Mundo.

Mi diagnóstico es que El Mundo se va a hacer (en buena medida, se ha hecho ya) con la parte del león de la prensa de derechas (descaradamente de derechas) con sede en Madrid, pero tampoco me extrañaría que García Abadillo, que ha ejercido durante los últimos años de gran visir Iznogoud en el periódico de Pedro J. Ramírez (dicho sea para solaz de quienes conozcan al personaje de los tebeos franceses), se esté impacientando y quiera ser ya califa, aunque sea de un califato menor.

El segundo asunto que quizá os interese (u os divierta) saber es que, al parecer, Público está robando más lectores a El Mundo que a El País en la franja que cabría llamar “de segundos lectores”. Es decir, que la gente que opta por comprar Público además de su periódico de siempre lo hace más a expensas de El Mundo que de El País. Es curioso, teniendo en cuenta que la dirección de El Mundo contaba con Público para hacerle “pinza” a El País. De momento, parece que las cosas no van por ahí.

Lo que no quiere decir (y ése es el tercer y último punto que voy a comentar hoy) que en El País reine la alegría. Ni mucho menos.

Para empezar, y dicho sea en atención a quienes me reprocharon mi supuesta suspicacia excesiva cuando hablé de la supresión de los editoriales gráficos (que no chistes) de Máximo: mis suposiciones estaban más que fundadas. Ni lesión de la mano ni problemas familiares ni gaitas. Se lo han quitado de encima, y además de mala manera.

En segundo lugar, hay gran preocupación entre los jefes de la cosa porque, pese a toda la costosísima campaña promocional de “el diario global” (con sus platos de Chillida, sus potes de Forges, sus relojes de no sé quién y todo el resto de la parafernalia) no han crecido en ventas. Un 1%, dicen los más forofos.

Las diversas familias internas se llevan cada vez peor. Entre los accionistas hay diferencias no sólo de criterio, sino incluso de humor. Dentro de la propia redacción el ambiente es tirando a desagradable, cuando no hostil. Bastante gente de la de siempre no entiende a qué están jugado Cebrián y sus súbditos de reciente hornada, incluido el nuevo director, empeñados en tirar zancadillas al gobierno de Zapatero. “¿Creen que con el PP nos iría mejor?”, me comentó un veterano redactor. Los hay que hacen irrisión de que Rajoy haya citado a Cuatro como medio televisivo independiente, por oposición a TVE. “Si ya hasta Rajoy nos prefiere…”

Bueno, ya seguiré contando cosas. Las que pueda comentar sin dejar con el culo al aire a mis amigos.

Me han divertido los comentarios sobre el Apunte de ayer. No sé por qué algunos dan por sentado que mi pequeño relato presentaba como ejemplar el comportamiento del conocido de Gervasio. Hay veces que quienes escribimos nos limitamos a proponer un asunto abierto: abierto a las interpretaciones, a los enfoques, a los juicios, a las suposiciones... A las reflexiones personales, en suma.

Os voy a hacer una confidencia. El cuentecillo (que escribí hace un año, aunque lo sacara ayer) me vino inspirado por la historia que me contó un amigo. Llevaba liado desde hacía bastante con una mujer casada. Él la quería, y mucho, pero sabía que la relación le estaba haciendo polvo a ella, desgarrada por conflictos internos, pero incapaz de cortar con él. De modo que fue él el que, como acto de amor, rompió la relación.

Cuando me lo contó, pensé: "Con un asunto así ya se hizo una película. Se llamó Casablanca".