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Hacía años que no escuchaba Protagonistas por no dar en la melancolía de haber trabajado tantos años con Luis del Olmo. Y Punto Radio me era desconocida, a la derecha del dial como en un fondeadero sin otras emisoras. Al filo de la seis ponen un par de marchas militares, lo que no dice nada, está muy bien (sobre todo Buscando barlovento) y ayuda a despertar a los somnolientos, mientras leen la prensa del día y se aprestan a dar paso a Luis del Olmo. Su voz no ha envejecido y continúa tan clara como cuando le escuchaban todos los taxistas de España, que no le han seguido en esta aventura por la inercia de no cambiar de sintonía. La audiencia es una amante ingrata e infiel.

Del Olmo lee contrapeadas las noticias y tras un alud de publicidad entra la tertulia. Las tertulias radiofónicas, y más las televisivas, se han convertido en un circo vociferante en el que no se respetan los turnos sobreponiéndose las voces hasta hacerlas ininteligibles. Y no faltan argumentaciones ad hominen que desvelan antagonismos insuperables y rencores africanos, situación que se dobla cuando interviene un oyente para censurar a un tertuliano. Desde luego de nuestras tertulias mediáticas no saldrá la luz y sí considerables migrañas.

Las tertulias deberían hacerse entre personas muy educadas y, a ser posible, amigas aunque no correligionarias. Es patético cómo los tertulianos se dividen en derechas e izquierdas, entre PP y PSOE, como funcionarios de partido. Algunos con carácter de anguila intentan ser equidistantes, pero no por imparcialidad sino para contentar a todos y alardear de independencia.

De Luis del Olmo vale más lo que calla que lo que dice, porque no es un periodista de trinchera. ¡Qué favor le hizo a Luis el funcionario que le despidió de Radio Nacional! De quedarse habría hecho lo mismo, pero por un sueldo menguado. Sólo aborrece a ETA, que intentó asesinarle en varias ocasiones llegando muy cerca de él. Su secreto es rodearse de colaboradores a los que trata muy generosamente. Una vez para ir a Ponferrada fletó un tren de época con piano y pista de baile. La fama de ogro es de cartón piedra y las pocas veces que alza la voz todo queda en un pastel al minuto. Es eso que se entiende por una bellísima persona, algo en desuso ante la agresividad imperante.

La mitad de Protagonistas es de María Teresa Campos: un par de entrevistas, confundirse con la memoria histórica, y mucha virutilla y fosforeo sentimental y social. Parece una caja metida dentro de otra y se oye el silencio de Del Olmo que queda ausente, como si se hubiera ido de la radio. La Campos ha hecho mucha radio, supongo que con fortuna, pero ya talludita queda mejor en un plató de televisión dando pasitos y enfatizando con todo el cuerpo. Por radio se la nota demasiado el tono altanero propio de quien se siente injustamente tratada. Quedaba mejor Julia Otero en ese papel de segunda de Del Olmo. Movimientos empresariales llevaron Protagonistas a la periferia, pero Luis del Olmo sigue respirando como un Tarzán.

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