La Reserva Federal de Estados Unidos dio ayer muestras de preocupación por la economía norteamericana y sin querer transmitir grandes señales de alarma se limitó a bajar un cuarto de punto los tipos de interés hasta dejarlos en el 4,25%. Es una reducción tibia frente a los que proponían una rebaja de medio punto como una medida más eficaz para luchar contra el pesimismo en el que se han instalado buena parte de los agentes económicos, analistas internacionales y opinadores tanto de la zona euro como del Reino Unido y de Estados Unidos. De hecho, aunque muchos de los datos globales que se siguen dando a conocer son formalmente optimistas, hay pocas dudas de que la economía se ha encallado. Y, por ejemplo en España, el bajón que se notó a la vuelta del verano sigue ahí, sin que nadie se atreva a hacer pronósticos definitivos sobre su evolución a medio plazo. En este contexto, la rebaja de tipos de interés en Estados Unidos pretende ser una inyección moderada de realismo ante la ralentización que señalan ya todos sus indicadores, a sabiendas de las repercusiones que tiene en todas las economías mundiales y que no pasa un mes sin que los diferentes ministros de Economía revisen a la baja sus previsiones de crecimiento. Aunque el comisario europeo de Asuntos Económicos y Monetarios, Joaquín Almunia, acaba de anunciar que España seguirá creciendo por encima de la media de la zona euro, hay un temor creciente que empieza a repercutir en el consumo. En Alemania, motor imprescindible de la economía europea, la confianza a medio plazo del inversor ha caído, por ejemplo, hasta el mínimo en quince años.