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12 Diciembre 2007

España: ¿hacia la tercera República? / III, de José Steinsleger en La Jornada

Si el personaje de referencia se llama Francisco Franco (1892-1975), cualquier conservador o liberal puede dar fe de “progresismo”. Y, si nos descuidamos, hasta de paladín de la izquierda “moderna” y “tolerante”. Se entiende: Franco fue la muerte sin más.

No la muerte biológica, digna, natural, sino la muerte en tanto odio razonado y militante contra todas las manifestaciones humanas de la vida. A este personaje, y a todo lo que su régimen de sufrimiento, hambre y dolor representó (1939-75), el rey Juan Carlos I le juró fidelidad y respeto en 1969.

Ahí radica el núcleo duro y conflictivo de la monarquía española, una de las siete que la Unión Europea reconoce como “constitucionales” o “parlamentarias”. Que en rigor son 10. Pero Mónaco es un casino, y las de Liechtenstein y Luxemburgo son lavadoras de divisas, o trafican con armas y drogas ilícitas.

De ellas (Reino Unido, Suecia, Bélgica, Holanda, Dinamarca, Noruega) ninguna ha sido, históricamente, más cuestionada que la borbona. Así es que conforme el movimiento antimonárquico vuelve a levantar cabeza, cabe preguntarse cómo se diseñó, desde fines del decenio de 1960, eso que las almas impúdicas llaman “transición democrática”.

Para ello pueden consultarse los textos de José María de Areilza (1909-98, graciosamente llamado conde de Motrico), uno de los artífices de la “transición”. Areilza fue ideólogo del franquismo doctrinario (fusión de la Falange Española y las Juntas de Ofensiva Nacional de Hierro, JONS), embajador de Franco y, por decisión de Juan Carlos, ministro de Asuntos Exteriores en el gobierno de Carlos Arias Navarro (primero de la monarquía, 1975) y fundador del fascista Partido Popular, junto a Pío Cabanillas y Manuel Fraga Iribarne (1976).

Otra fuente ineludible de consulta sería la de Gonzalo Puente Ojea, quien tuvo ocasión de conocer a Juan Carlos cuando fue encargado de la embajada en Atenas (1962). En la entrevista que me concedió en Madrid, Puente Ojea dijo: “Recuerdo que me chocó su apología de Franco. Mostraba gran indiferencia sobre el mundo de la cultura, y una notable insensibilidad ante los graves problemas derivados de la guerra civil” (La Jornada, 6 y 7 de julio de 2004).

El diplomático añadió: “Quedé sorprendido ante su postura a favor de una vía intermedia que no cuestionase los fundamentos del régimen. Los hechos disiparon mis expectativas en el joven príncipe… Estados Unidos presionó en los países de la comunidad atlántica para establecer una democracia formal, muy reducida en cuanto a su capacidad transformadora… La ley de sucesión fue iniciativa de la dictadura, y estableció cómo se debe restaurar la monarquía”.

Un día después de la muerte de Franco (20 de noviembre de 1975), el príncipe se convirtió en rey. Al año siguiente, en junio de 1976, Juan Carlos I expresó ante el Congreso de Estados Unidos: “La monarquía hará que, bajo los principios de la democracia, se mantengan en España la paz social y la estabilidad política, a la vez que se asegure el acceso ordenado al poder de las distintas alternativas de gobierno, según los deseos del pueblo libremente expresados”.

Antes de eso, el secretario de Estado del presidente Gerald Ford, Henry Kissinger, sostenía: “… sería mucho más fácil llegar a un acuerdo con el gobierno español para renovar las bases militares en aquel país si Franco siguiera en el poder. Pero él no va a durar mucho, y la transición a la era post Franco ha comenzado ya” (Archivos de la Fundación Ford, caja 12, España).

Simultáneamente, el país real hervía. Según el profesor Vicens Navarro, la oposición de la clase trabajadora en el periodo 1974-78 fue muy activa, “… las mayores en Europa Occidental desde la Segunda Guerra Mundial”. El catedrático agrega que en una encuesta de opinión de la época, llevada a cabo durante la dictadura, la mayoría de los españoles indicaban que querían ver fuera de España todas las bases militares estadunidenses (base de Rota y seis más, equivalentes a la Gran Bretaña en el peñón de Gibraltar).

Las palabras del rey tranquilizaron al Congreso imperial, y los yanquis quedaron encantados. Sus intereses económicos y militares quedaban bien custodiados. Inquieto por los acontecimientos de la época (derrota en Vietnam, revolución en Portugal, incendio de la embajada de Madrid en Lisboa), Washington entendió que no podía perder España.

¿Un rey necesario? ¡Venga! El 24 de enero de 1976 se firmó el tratado España-Estados Unidos, origen del llamado Consejo Supremo Hispano-norteamericano, y de un comité militar conjunto.

A fines de mayo, por primera vez en 484 años, un rey de España visitó América Latina. Pero en República Dominicana, Juan Carlos I omitió toda referencia al primer gran genocidio español en aquella isla del Caribe. Y allí fuimos enterados que “todos” éramos “iberoamericanos”, “todos” españoles, “todos” europeos, y “todos” fieles al “pacto de la democracia”. La reconquista había empezado.

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4 comentarios · Escribe aquí tu comentario

jose(400)

jose(400) dijo

tranquilícese hombre!, un respiro!
y mire a la vida a su alrededor...
De nada.

13 Diciembre 2007 | 02:37 PM

Rafael

Rafael dijo

¿Y a qué conclusión llegamos tras leer esto?.
Vamos a aclarar una cosa. Defender una opción republicana es más que legítimo.
Pero quiero que alguien me explique, SI, ME EXPLIQUE, qué saldremos ganando con la III República Española.
Que a nuestro jefe de estado lo podamos elegir entre todos. Hombre, ya es algo, pero sinceramente no me quita el sueño. Yo, puestos a hacer esfuerzos, más bien me centraría en cosas tales como que el sistema educativo no sea una perrera, salvar al lince ibérico o que los papeles de la Fundación Franco pasen al Estado.
Pero, en todo caso, por favor si nos tienen que convencer de que es preferible votar cada cuatro años para elegir gente que también hará gastos espectaculares en dietas y transporte y a lo mejor no son nada glamurosos, exijo que me garanticen que viviré mejor.
Desde luego pataleando contra un Rey que, aún criado por Franco desde 1948, pilotó con acierto y riesgo la Transición y el 23-F estuvo en su sitio, cuando todo el espectro político se tiró al suelo, huyó, se escondió o rompió el carnet, cuando no se orinó encima, no vais a lograr convencerme.
Las palabras de Tomás de Iriarte resultan muy adecuadas:

Cuando en las obras del sabio no encuentra defectos
contra la persona cargos suele hacer el necio.
Un saludo.

15 Diciembre 2007 | 02:19 AM

169 Brown

169 Brown dijo

Pues es posible que Juan Carlos estuviera en su sitio. Sí, pero no a las 17 h. del 23 febrero, sino a las 01 h. del 24 de febrero, cuando ya se sabía que no progresaba el golpe. Creo que su sitio debio ser el Congreso de los Diputados la tarde del Tejerazo. ¿No lo cree Ud.?
También es posible que Juan Carlos estuviera en su sitio, junto a Franco, jurando los Principios Fundamentales del Movimiento, pero creo que mejor si estuviera trabajando por la DEMOCRACIA y no por la TIRANÍA.
También es posible que estuviera en su sitio cuando acude al Congreso EE.UU a mostrar obediencia a una potencia extraña, pero creo que antes debio visitar los paises hispanos, a los que su estirpe hizo tanto daño.
En fin es posible que aún siga en su sitio, pero creo que no tiene apoyo democrático, ni lo quiere. Así está claro, que no lo mueve nadie de ese sitio.

20 Diciembre 2007 | 02:54 AM

Rafael

Rafael dijo

Saludos 169 Brown.
Plantea usted unas cuestiones a las que trataré de responder con mi insignificante opinión.
Primero,Pues no, no lo creo. El 23_F Juan Carlos, constitucionalmente, no pintaba nada en el Congreso, pero sí supuso y mucho en la Zarzuela desde la que pudo hablar con los capitanes generales y ordenarles apoyar la Constitución. El mensaje tardó en llegar, entre otras cosas porque RTE estaba tomada y primero hubo que tantear y aclarar con todo el mundo. Usted puede pensar que las cosas evolucionaron por sí solas mientras el Rey se limitaba a verlas pasar. Yo estoy convencido de lo que han dicho y escrito peronas tan diferentes sobre que fue él quien tomó el control de la situación y eso llevó bastante horas, durante las cuales la clase política en bloque se postó cobardemente, nadie se echó a la calle a nada y las masas brillaron por su ausencia.Con lasexcepciones de rigor tan mal reconocidas como de costumbre.

Segundo. Negar a estas alturas que Juan Carlos se educó con Franco y juró los Principios Fundamentales del Movimiento sería ser un analfabeto en Historia. Pero ahí está el ejemplo de su padre, que tras haber intentado toda la Guerra Civil luchar con los nacionale se pasó la dictadura completa en estériles conspiraciones, democráticas eso si. Juan Carlos, por una vez un rey con sentido común, esperó el momento oportuno y cuando éste llegó al morir Franco, inequívocamente trabajó en favor de la democracia.

Tercero. No me consta que haya mostrado obediencia a Estados Unidos. Y sí que fue el primer monarca español en pisar los paises hermanos de Hispanoamérica. En los que sus élites criollas emancipadas mucho deberían callarse sobre trato a los indígenas. Al hecho de que los araucanos, si los mismos que lucharon contra los españoles en el s. XVI, fueran contrarios a la emancipación de Chile me remito para rogar que no hagamos simplificaciones tramposas, que no vienen a cuento. Prefiero quedarme con la imagen de los Reyes saludando en Méjico a la viuda de Manuel Azaña. Las dos Españas reencontrándose.

Cuarto. Y respecto a la última gratuita afirmación. El papel de la Corona está perfectamente regulado en la Constitución.

Espero haberle contestado a sus preguntas.
Un abrazo.

P.D. Otro día se podría ir al detalle de algún exfalangista reciclado en estalinista visceral, batasunos antiguos guerrilleros de Cristo Rey, periodistas muy liberales que escribían panegíricos de las momias del Pardo y actrices rojas que acudían a las comuniones de las nietas de Franco.

20 Diciembre 2007 | 05:03 AM

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Lector de artículos de opinión, fundamentalmente de política y economía, que pretende divulgar trabajos publicados por diferentes autores en otros medios digitales.

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