El ex presidente del Gobierno Felipe González es el candidato con apoyos más sólidos para liderar el llamado grupo de sabios que deberá definir el futuro papel de la Unión Europea. Este comité de expertos, que estará formado por una docena de personalidades de reconocido prestigio del mundo político y académico, tendrá que presentar un informe en junio del 2010, precisamente al final de la presidencia española, para trazar las líneas maestras de la modernización del modelo europeo. Lo curioso del caso es que la candidatura de González ha sido lanzada por Francia y Alemania. Dos dirigentes del centroderecha, como son Nicolas Sarkozy y Angela Merkel, apuestan por un socialista como González para presidir este comité en un acto de generosidad política, más allá de las capacidades del candidato. Sin embargo, en la elección no hay que olvidar el factor humano.

En efecto, tanto Sarkozy como Merkel fueron ministros en los noventa, cuando González era el jefe del Ejecutivo español y ambos guardan buen recuerdo de esta relación. Más aún en el caso de la política de la CDU, estrecha colaboradora de Kohl, quien se convirtió en íntimo amigo del anterior presidente socialista, hasta el extremo de que cuando José María Aznar lo sustituyó no dejó que en su primera visita a Alemania hiciera ningún comentario negativo sobre Felipe González. Este contó en la sobremesa de un restaurante vasco, al poco de perder las elecciones de 1996, que en su primera cena oficial en Bonn hubo buena química con Kohl, hasta el punto de que el canciller alemán le preguntó si tenía prisa. Al responderle que no, se despidió de los invitados y le dijo que se quedara junto con los respectivos embajadores. Kohl se marchó misteriosamente y regresó al rato con una bandeja con quesos (en los ágapes oficiales siempre decía que se quedaba con hambre) y un par de botellas de pinot noir. Y estuvieron hablando de lo divino y de lo humano hasta la madrugada, poniendo las bases de una amistad que luego reflejó la política.

Sin embargo, la relación de González con otro socialista como François Mitterrand siempre fue distante. Es más, en la época de cohabitación con Édouard Balladur, de quien fue portavoz Sarkozy. el presidente español se encontraba más cómodo con su homólogo centrista que con el presidente de la República. Seguramente, la figura distante de Mitterrand en la reunión de la Internacional Socialista, celebrada tras las primeras elecciones, le desconcertó en gran manera. El líder del PSOE esperaba la felicitación de su admirado colega, pero, cuando se encontró frente a frente con él en un pasillo del local donde se celebró la reunión, sólo obtuvo un silencioso saludo con el sombrero.

Por fortuna, en la política, el ser humano se impone en ocasiones al manual de instrucciones. Desgraciadamente no es muy frecuente, pero cuando ocurre, se dignifica la política, maltratada muchas veces por la miseria personal. Eso sí, igualmente humana.