Tras mantenerse un tiempo en un silencio reparador el señor Trillo Figueroa vuelve a la carga con un libro al que titula ´La revolución silenciosa´. Alerta en él acerca de la distopía del feminismo radical que, si no se le detiene, nos llevará a un mundo feliz en el que, habiendo renunciado las mujeres a la maternidad por influencia de esta ideología, sólo existirían criaturas por clonación.

¡Manda huevos! Que diría el mismo. Por eso es tan destructiva la nueva asignatura de educación para la ciudadanía. Porque el partido socialista, y su secretario general José Luis Rodríguez Zapatero, están dominados por este feminismo que niega la diferencia natural del ser hombre y ser mujer y ofrece una sexualidad a la carta que trata de imponer el hedonismo como fuente de las relaciones entre los seres humanos. Así, las mujeres, avergonzadas del hecho de serlo, ya no podríamos ofrecer a la sociedad nuestros naturales valores de la ética del cuidado con los apocalípticos resultados que ustedes pueden imaginar.

Pero no quedan aquí las reflexiones del autor. Porque después de describir la Edad Media como un tiempo histórico en el que el sexo femenino gozó de una situación jurídica de cierta igualdad gracias a los benéficos efluvios del cristianismo (quizás porque inconscientemente descuenta las quemadas en las hogueras europeas por brujería), afirma sin dudar que hoy existe una situación de absoluta igualdad legal y que, -dando pábulo al refranero popular tan de su gusto, quien siembra vientos recoge tempestades-, el aparente fracaso de la ley de violencia de género a la vista de las cifras de asesinadas, sería el resultado de una norma ideologizada (¿no todas las leyes lo son?) que tan solo es capaz de vomitar el odio de las feministas radicales por el enemigo hecho hombre.

Pero como también es sabido que si no puedes luchar contra tu enemigo, únete a él; nos ofrece Trillo Figueroa una receta antigua con ropajes modernizantes: el feminismo femenino.

Una forma de estar en la sociedad como mujer, mujer para formar una unidad complementaria de amor con el hombre que devuelva a nuestras sociedades su rostro humano. Mas de lo mismo para otro ciclo histórico cuyos últimos dos mil años son un claro ejemplo del imperio de amor universal.

Rosario Hevia. Magistrada.