Son las dos últimas víctimas de ETA pero, según el Gobierno, se trató de un atentado “fortuito”, no buscado expresamente por la banda terrorista, sino fruto de un encuentro casual en una cafetería de Capbreton en la que, supuestamente, coincidieron los terroristas y sus víctimas en mesas contiguas pero sin reconocerse. La versión oficial dice que los agentes hicieron desde la mesa una llamada a sus mandos para informarles de que ya habían colocado determinadas cámaras de vigilancia, conversación que por los términos en los que discurrió llamó la atención de los terroristas, los cuales de inmediato reconocieron en quienes hablaban a dos policías españoles a los que decidieron asesinar sobre la marcha.

Esa es, más o menos, la versión, como digo, oficial. Pero existen, sin embargo, dudas que hacen albergar la sospecha de que se trata de una artimaña para ocultar la verdad de lo que ocurrió, que no sería otra cosa que un atentado en todas sus dimensiones. Es decir, nada de fortuito, sino buscado expresamente por los terroristas y con las víctimas seleccionadas previamente por éstos. Una de las cosas que hace dudar a muchos expertos en lucha antiterrorista y a no pocos compañeros de Raúl Centeno y Fernando Trapero es el hecho de que ambos agentes mantuvieran una conversación de esas características con sus superiores en un lugar público y en una zona habitualmente frecuentada por etarras y cómplices de terroristas.

¿A alguien se le pasa por la cabeza que dos agentes destinados a misiones de vigilancia antiterrorista en el sur de Francia se pongan a hablar con sus jefes, en castellano, en voz alta, para tratar asuntos que afectan a la seguridad nacional, en medio de un bar? Son muchos, insisto, los que dudan de esta versión en la que, entre otras cosas, se deja en muy mal lugar a los jóvenes agentes asesinados cobardemente por los terroristas de ETA. Quizás la duda la puedan despejar los propios terroristas en los interrogatorios a los que sean sometidos en Francia... O quizás no, quién sabe. Lo que parece es que hay a quien le conviene mantener una cierta incógnita sobre este atentado, con el fin de que la acción criminal no cierre por completo la puerta que queda abierta con un resquicio a la negociación con la banda terrorista.

Puede ser que al Ejecutivo de Rodríguez le resulte oportuno sostener la tesis de que el atentado fue fruto de una casualidad, porque de esa manera tendría un argumento para retomar las negociaciones rotas la pasada primavera si gana las elecciones de marzo de 2008. Porque si se trató de un atentado con todas sus consecuencias, no habría forma humana de sostener ante la opinión pública las razones para intentar de nuevo lo que ha fracasado en esta legislatura. Y es que no parece que Rodríguez renuncie a intentarlo de nuevo. Hoy, el PSOE tiene una oportunidad de oro para dejarle claro a ETA que por la vía de la negociación no va a conseguir nada, menos por la vía del crimen, y que sólo le resta abandonar las armas y entregarse a la Justicia. Creo, sin embargo, que no va a ser así y el PSOE volverá a votar en contra de revocar la resolución de mayo de 2005 que autorizó el diálogo con ETA.

La ambigüedad de Rodríguez, las poco claras explicaciones de Rubalcaba sobre el atentado, las muchas incógnitas que dejan estos hechos, dan que pensar. Lo cierto es que los agentes Raúl Centeno y Fernando Trapero cayeron abatidos por las balas de los terroristas y que la versión oficial ha hecho creer que todo fue fruto de una casualidad provocada por una imprudencia. Los amigos de Centeno y de Trapero, sus familias y los expertos en la lucha contra ETA no quieren creer que fuera así. Pero la memoria y la dignidad de Raúl Centeno y Fernando Trapero exigen que el Gobierno de Rodríguez cuente a la opinión pública la verdad de los hechos, aunque eso suponga cerrar definitivamente cualquier resquicio a la negociación con la pandilla de canallas.