LA CLAVE
Los hijos son un regalo de los dioses para las familias y los alumnos lo son para las escuelas. Vengan de donde vengan. En las escuelas catalanas, mayoritariamente públicas, que reciben a los alumnos provenientes de otras tierras como un goteo constante a lo largo del curso escolar se han ido configurando, desde hace algunos años, unos escenarios escolares denominados aulas de acogida.
Quiero hablar de lo que percibo cuando estos recursos personales, materiales, espaciales y funcionales se movilizan en el sistema de la comunidad educativa. Quiero hablar de los adultos que han dejado su tierra para buscar otra donde ofrecer el futuro deseado para sus hijos. Quiero hablar de los hijos que ven como sus padres buscan lo mejor para ellos y renuncian a cosas que les son importantes. Quiero hablar de los maestros y profesores que, con los brazos abiertos, reciben a las familias y a los alumnos, para que la escuela asignada por la comisión competente se convierta en "mi escuela", en "nuestra escuela". Reinventan el aula y la escuela cada día para ajustarlas a las necesidades de todos los chavales.
Quiero hablar de los directivos escolares que organizan lo que tienen para que el centro se convierta en un territorio de fusión sin confusión; donde todo el personal del centro contribuya a ampliar el abrazo de bienvenida. Quiero hablar de los maestros y profesores especializados en "diversidades", ellos mejor que nadie saben del potencial de aprendizaje que tiene un corazón agradecido y de la calidez educativa de un abrazo. Quiero hablar de los servicios educativos que dan apoyo a la acción de los maestros y profesores desde una posición periférica, pero no por ello menos importante. Estos servicios acompañan de manera específica y son, muya menudo, los que contribuyen a "amortiguar los primeros golpazos en el aterrizaje". Quiero hablar de "los otros profesionales emergentes" que intervienen recientemente aportando su delicado y variado saber hacer. Educadores, integradores y mediadores sociales, verdaderos puentes humanos que facilitan el tránsito del que migra.
Quiero hablar de las administraciones locales, que, sin obligaciones normativas, se comprometen a poner a disposición de adultos (profesionales o no), jóvenes, adolescentes y niños los recursos para que la llegada del que viene sea menos dolorosa. Estas administraciones, en colaboración con la administración educativa autonómica competente, multiplican el abrazo en vez de dividirlo.
Por todo ello pido que a partir de ahora las aulas de acogida pasen a llamarse "aulas de bienvenida".
X. GIMENO SORIA, profesor titular de pedagogía aplicada de la Universitat Autònoma de Barcelona.

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