Una pequeña empresa californiana comercializa una serie de muñecos de plástico con la imagen y los latiguillos de los políticos de la Casa Blanca, que son el éxito de estas Navidades. Esta suerte de barbies para adultos, como las califica el corresponsal de ABC en Washington, miden treinta centímetros, tienen un gran parecido con sus modelos y vienen con su correspondiente traje con corbata. Todavía no existe ningún muñeco que represente a una mujer, como sería el caso de Condoleezza Rice, pero no estaría de más que fueran encargando el de Hillary Clinton, a quien se le está poniendo cara de inquilina del despacho Oval. Un botón situado en la espalda permite escuchar algunas de sus frases más ocurrentes.

El muñeco de Ronald Reagan suelta aquello de "Mister Gorbachov, derribe este muro", el de Bill Clinton desmiente relaciones sexuales con miss Lewinsky y el de George Bush incorpora algunos de sus enredos verbales más conocidos. Por cierto, existen varios trajes para el polichinela presidencial, pero el más solicitado por internet es el ataviado de Top Gun,con kit de pavo de plástico, como el que exhibió en Bagdad en noviembre del 2003. La barbie con más frases grabadas se corresponde a Donald Rumsfeld, el ex secretario de Defensa, por algo fue uno de los que más mentiras soltó sobre Iraq.

Ignoro si alguna empresa juguetera española tiene intención de hacer una versión local de esta colección de reproducciones de políticos. Es fácil imaginarse el éxito de un muñeco de Zapatero con las cejas arqueadas y diciendo: "Pasqual, respetaré el Estatuto que salga del Parlamento de Catalunya". O el de Acebes con su traje gris marengo y su tupé canoso replicando: "La teoría de la conspiración es una invención del PSOE, de Zapatero, Rubalcaba y Pepe Blanco". Sin olvidarse del muñeco de Carod-Rovira, con camisa marrón, que predicaría aquello de: "Me llamó Josep Lluís y no José Luis, aquí y en China". La política tiene más adeptos de lo que la gente cree, pues basta ver las audiencias del programa Tengo una pregunta para usted para descubrir su tirón.

A lo mejor, en Catalunya no alcanzarían récord de ventas, porque aquí hace años que ya hemos convertido a los personajes públicos en muñecos. Una visita a la Fira de Santa Llúcia permite descubrir que el alcalde Hereu, el president Montilla, el Papa Benedicto XVI, el rey Juan Carlos, la consellera Tura o la infanta Leonor han sido reproducidos como figuras de pesebre, más concretamente como ese pastor de Belén que evacua en cuclillas, simbolizando la fertilidad de la tierra, la igualdad de los hombres y la condición más humana.

Es emocionante leer en inglés en la Wikipedia que el caganer "is a little statue unique to Catalonia" que casi parece una frase extraída de la biografía de Pau Casals. Por más que hayan incorporado tecnología punta, las barbies de la empresa juguetera californiana nunca conseguirán la inmortalidad de las enciclopedias con sus muñecos.