TRIBUNA LIBRE

Barack Obama está llevando a cabo una campaña sorprendente. No sólo está saliendo mejor parado en las encuestas que cualquier otro candidato negro en la historia de los Estados Unidos, sino que también ha recaudado más dinero que cualquier otro candidato de cualquiera de los dos partidos, excepción hecha de Hillary Clinton.

Lo más asombroso es que Obama ha cimentado su apoyo político entre los votantes de raza blanca. Cuenta entre los blancos con un respaldo sin precedentes a un candidato negro. De hecho, entre los votantes negros de toda la nación va por detrás de Hillary Clinton con una diferencia de nueve puntos porcentuales, según una encuesta reciente.

A primera vista, la respuesta de blancos y negros a Obama parece que representa un avance espectacular hacia el día en que candidatos y electores sean capaces de dejar a un lado la cuestión de la raza. Sin embargo, resulta extraño que los votantes negros estén divididos ante el esfuerzo tremendo de Obama por llegar a donde ningún candidato negro ha llegado antes. Su reacción no parece obedecer tanto a un idealismo político postracista como a una política negra contraproducente.

El éxito de Obama está produciendo preocupación, incertidumbre y celos entre los políticos negros tradicionales. Los activistas políticos y sociales de raza negra anclados en el movimiento de derechos civiles de los años 60 recelan de que haya tantos blancos que encuentran aceptable a este negro.

La mayor parte de esos recelos nacen de la trayectoria vital de Obama. Era demasiado joven para salir en manifestación con Martin Luther King hijo. Su madre es de raza blanca y su padre era un negro de Kenia. Obama pasó su infancia en Indonesia y Hawai y luego fue a universidades de la Ivy League (elitistas); primero a una facultad de Columbia y luego a la de Derecho de Harvard. Tampoco ha ido subiendo poco a poco la escalera política por las vías tradicionales de la política negra; de hecho, perdió su primera cita con las urnas ante Bobby Rush, un ex miembro de los Panteras Negras al que se enfrentó en Chicago por un escaño en el Congreso.

En una entrevista con la National Public Radio, Obama reconoció que no tenía nada que ver con la forma en que los políticos negros abordaban la relación con los norteamericanos blancos. «En la historia de la política afroamericana siempre ha habido una cierta tensión entre hablar en términos generales y hablar en términos estrictamente raciales sobre las condiciones difíciles de los afroamericanos. Yo me inclino más a hablar en términos generales».

La marginación, la rabia y el pesimismo que marcan los discursos de los dirigentes negros más destacados están ausentes en Obama. El senador habla de los EEUU como «un lugar mágico» para la diversidad. En la misma línea de King, apela al sueño de superar la división racial y que los hijos de los esclavos y los hijos de los amos sean capaces de elegir al presidente más adecuado con independencia de su color de piel.

La biografía y el discurso de Obama han llevado a algunos a plantear interrogantes de inspiración mezquina, del tipo de si es «lo suficientemente negro», o de si está actuando «como si fuera blanco», según comentó Jesse Jackson. Sin embargo, el interrogante más serio que están planteando los votantes negros escépticos es el siguiente: si triunfa en la carrera hacia la Casa Blanca, ¿cuáles serán sus valores y prioridades?

Puesto que él proclama con orgullo que representa a una minoría históricamente oprimida, Obama tiene que responder a esa pregunta. Ha habido demasiados políticos negros que se han escudado en el color de su piel para evitar responderla.

El 50% de los norteamericanos negros creen que Obama comparte los mismos valores que ellos, de acuerdo con una encuesta reciente realizada por el Pew Research Center. El caso es que eso le sitúa enfrente de la otra mitad, que no se fía de él porque considera que tiene sólo «un poco» o «no mucho/nada en absoluto» en común con los valores de los norteamericanos negros.

En el seno de la sociedad negra de los Estados Unidos se está produciendo una división sobre los valores. El 61% de los norteamericanos negros cree que los valores de los negros de clase media y de los negros pobres se están volviendo «más diferentes».

Dentro de la sociedad negra de los EEUU, son las personas que al menos han cursado algo de educación superior las más inclinadas a considerar que Obama «comparte en mayor medida los valores y los intereses de la sociedad negra». Sin embargo, sólo el 41% de los negros que como mucho han llegado a cursar estudios de enseñanza media consideran que Obama forme parte de la sociedad negra.

En su conjunto, sólo un 29% de los norteamericanos, cualquiera que sea el color de su piel, cree que Obama refleja los valores de los negros. El senador está considerado el paradigma de lo que el senador Joe Biden ha denominado torpemente el sector «decente» y «educado» de la sociedad negra, ese número creciente de negros que manifiestan sentirse sincronizados con la mayor parte de los norteamericanos blancos en cuanto a valores y prioridades.

En una nación, en fin, en la que una tercera parte de la población está integrada en la actualidad por personas de color, Obama figura en la vanguardia de una nueva fórmula de política multirracial. Está pidiendo a los electores que le acompañen, más allá de las razas y más allá del movimiento de derechos civiles, al encuentro de una política de valores compartidos. Si los votantes blancos y negros dieran una respuesta por igual a los valores de Obama, el senador habría conseguido por fin arrastrar a la nación a la política postracial. El que consigan llegar a esa meta, él y los EEUU, es todavía una pregunta sin respuesta.

Juan Williams es un famoso analista político de la National Public Radio y del Fox News Channel. También es autor de Enough: The Phony Leaders, Dead-End Movements and Culture of Failure That Are Undermining Black America (Ya está bien: falsos líderes, movimientos sin futuro y la cultura del fracaso que están acabando con la sociedad negra norteamericana).

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