OBSERVATORIO GLOBAL
Si espías, militares y políticos han podido ignorar a Bush es porque Bush se ha quedado a solas con su Dios y no se ha enterado de que Dios es de todos
El informe de las 16 agencias de inteligencia de Estados Unidos sobre el programa nuclear de Irán pone en cuestion la estrategia geopolítica de Bush y Cheney. Tal como ha informado este diario, en dicho documento se afirma de forma rotunda que Irán abandonó el programa de enriquecimiento de uranio con potencialidad de uso militar en el 2003 y que los datos más recientes no parecen indicar que lo haya reanudado. El informe responde a una petición del presidente Bush en el 2005, pero sólo se completó este verano, tras una evaluación cuidadosa de las informaciones disponibles. Bush ha tenido que aceptar las conclusiones del informe, aunque intenta presentar el desarme como el resultado de sus presiones. Pero cualquiera que sea la racionalización del presidente saliente, se trata de un hecho que altera la situación en el Medio Oriente.
Y es que recuerden que tan sólo hace unas semanas Bush declaró que Irán podría provocar la tercera guerra mundial. Tal declaración, tras continuas amenazas por parte de Cheney que recordaban su cruzada contra Sadam Husein, avivó los temores de un bombardeo selectivo de instalaciones iraníes, con consecuencias imprevisibles. Es más: círculos de Washington veían en esa iniciativa militar una maniobra de Bush-Cheney para perpetuar un conflicto que no dejaría otra opción a un futuro presidente demócrata que la de continuar con una fuerte presencia militar en la zona. De hecho, Hillary Clinton, coherente con su postura de halcona comandante en jefe , votó a favor de la declaración de la Guardia Revolucionaria iraní como organización terrorista, otro preludio al enfrentamiento armado. Y de repente la evaluación de los servicios de inteligencia deja sin argumentos en la opinión pública estadounidense y mundial al proyecto de ataque a Irán. ¿Cómo es posible que las propias agencias de inteligencia contradigan la política de su presidente?
La explicación reside en tres razones que, en su conjunto, configuran un nuevo panorama geopolítico. Primero, los servicios de inteligencia están hartos de que los obliguen a mentir o a hacer deprisa y mal su trabajo y luego les echen la culpa de todos los desastres. Hay un profundo descontento entre el personal y esta vez, aprovechando que guardianes del templo como Rove y Rumsfeld ya no están, se han anticipado a una nueva operación de la marca Cheney. Avisaron a Bush en el verano, pero como este no se dio por enterado siguieron con su informe y lo publicaron. Por cierto que lo que en él dicen (aunque yo obviamente no tengo información privilegiada) coincide con el tono de las conversaciones informales que tuve en Teherán en mayo del 2006 con ex altos cargos de la administración del presidente Jatami, el representante del ala liberal islámica que precedió a Ahmadineyad y que era precisamente presidente en el 2003. O sea, que cuando el actual presidente fue elegido en el 2005 ya se había detenido el programa militar, lo que contradice la asociación entre la línea dura de Ahmadineyad y el desarrollo nuclear.
Pero si las agencias de inteligencia pudieron lavar su imagen en esta ocasión es porque tenían campo de maniobra. El ataque a Irán ya estaba cancelado porque, según comentan mis informantes en Washington, los altos mandos de las fuerzas armadas se opusieron a los planes de bombardeo de Irán. Ylo hicieron hábilmente. Cuando se les pidió hacer un plan, propusieron bombardear más de mil objetivos y argumentaron que las instalaciones nucleares subterráneas eran tan profundas que era necesario usar misiles con carga nuclear para destruirlas. O sea, un ataque nuclear para prevenir un ataque nuclear... No es que sean extremistas, al contrario: es llevar una lógica absurda hasta sus límites para frenarla.
¿Por qué? Porque los militares piensan que una acción contra Irán acabaría con la posibilidad de estabilizar Iraq, al sellar una alianza entre los chiíes de los dos países, justo ahora cuando la táctica de partición de Iraq en tres áreas de influencia está empezando a funcionar. Y porque las fuerzas armadas piensan que están ya sobreextendidas en varios frentes y que ampliar los escenarios de conflicto puede llevar a una catástrofe. Y, en fin, porque los militares son sensibles al cambio de la opinión publica en torno a la guerra y piensan que hay que redefinir las prioridades para luchar contra Al Qaeda y similares (Afganistán, Pakistán) en lugar de perseguir enemigos secundarios.
La tercera razón del frenazo a la estrategia agresiva de Bush es más política y más profunda. Estados Unidos ya se ha instalado en el posbushismo, los neoconservadores han perdido el poder y las principales ratas ya han abandonado el barco (Richard Perle cuando creyó que aún estaba a tiempo de decir "yo no fui"; Karl Rove, el cerebro estratégico, y una larga lista). Además de los que fueron despedidos para hacer posible una retirada honrosa (Rumsfeld y Wolfowitz, sobre todo). Los candidatos republicanos, muchos de los cuales defienden posiciones próximas a las de Bush, no se atreven a mencionar su nombre, tal es su desprestigio en la opinión pública, incluso entre los conservadores, porque le reprochan haber traicionado la política de austeridad presupuestaria que es el primer dogma republicano. Sea cual sea el futuro político estadounidense (probablemente demócrata de derechas), la derecha republicana se está reorganizando en torno a un conservadurismo religiososocial y a un nacionalismo semiaislacionista. El sueño neoconservador de utilizar la política del miedo para su estrategia de rehacer el mundo se ha hecho añicos al entrar en contacto con la realidad de un mundo que no acepta la superioridad del modelo occidental y al encontrarse con la oposición de una mayoría de ciudadanos que, superado el trauma del 11-S, no están dispuestos a sufrir por salvar a la humanidad o para afirmar un imperio.
Si los espías, los militares y los políticos han podido ignorar a Bush es porque Bush se ha quedado a solas con su Dios. Y todavía no se ha enterado de que Dios es de todos y su palabra es de paz para quien la quiera escuchar.

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