EL CONFLICTO QUE NO CESA
No es raro que cuando se juntan varios amigos en Euskadi comenten aquello de "menos mal que somos pocos, porque si fuéramos muchos, armamos la tercera guerra mundial". A lo que alguno casi siempre responde diciendo: "Es que si fuéramos muchos no haríamos tantas tonterías". Los vascos hemos sido de nuevo razón de noticias en los últimos días. ETA ha vuelto a matar, ocupando de nuevo el centro de atención de todos los medios y de los partidos políticos.
Pero la víspera de que atentara ETA la policía procedió a la detención de dirigentes del entramado civil de su entorno para comunicarles la sentencia condenatoria a raíz del sumario abierto ya hace mucho tiempo. Este hecho ha propiciado muchos comentarios sobre el Estado de derecho, sobre la implicación delictiva o no de los detenidos y condenados, sobre la extensión de ETA, porque como bien decía uno de los comentaristas, el profesor Imanol Zubero, no todo es ETA, ni ETA es todo. A lo que cabría añadir que ETA es algo más que los comandos y la estructura militar que lo integran.
LOS MISMOS días de los acontecimientos anteriores se ha celebrado la asamblea del PNV, en la que ha elegido a su nuevo presidente, este ha pronunciado su primer discurso en cuanto tal y el PNV ha aprobado la ponencia política para los próximos años. Aunque un día antes ya había afirmado que la detención de los dirigentes de la trama civil era un despropósito, y algo del pasado, es decir, derivada de la ley de partidos políticos y de su secuela de ilegalización de Batasuna.
Y como no puede faltar algún efecto colateral, el Tribunal Supremo ha sentenciado en una causa totalmente ajena al País Vasco, en la cuestión de las cesiones de crédito del Banco Santander, que la acusación particular queda sin efecto si no va acompañada de la acusación fiscal o de la de algún damnificado directo. El efecto colateral radica en que la aplicación de esa sentencia que sienta doctrina impide abrir la vista oral en el caso Ibarretxe, en el caso López y Ares y también en el caso Atutxa. Muchos respiramos mejor. Y una semana antes el consejero de Interior del Gobierno vasco afirmaba que la encarcelación de los líderes de Batasuna no aportaba nada a la lucha antiterrorista.
Siendo pocos damos realmente para mucho. Aunque habría que añadir que si damos para mucho no es por la renovación de los temas con los que somos noticia, sino por lo mismo de siempre: la violencia y el terror, y sus efectos colaterales. No es un hilo rojo el que da coherencia a la historia vasca reciente. Mejor dicho: es un hilo rojo porque está bañado en sangre. Y es un hilo negro, porque es una historia escrita sobre la tragedia de las personas asesinadas, como Raúl Centeno y Fernando Trapero. Y es un hilo negro porque alguien repetirá que ese acto violento es el resultado y la manifestación de un conflicto político existente entre Euskadi y España, entre el pueblo vasco y el Estado, español o francés. Y es un hilo negro porque alguien repetirá que por medio de esa acción asesina los vascos se acercan algo más a su propia ¡libertad! Y es un hilo negro porque demasiados vascos no querrán oír ni lo uno ni lo otro, o porque cerrarán sus oídos durante unos pocos días, y después volverán a pensar que esas frases repetidas tienen algún sentido.
Es bueno que se alcen una y otra vez voces que reclamen que el Estado de derecho se ajuste exquisitamente a sus propias normas. Por eso habrá que analizar serenamente los razonamientos de la sentencia condenatoria de los dirigentes de la trama civil del entorno de ETA. Pero llama la atención que para el PNV no exista ninguna medida decidida por los poderes del Estado en la lucha antiterrorista que sea aceptable. Es como si el PNV quisiera volver a los tiempos en que el Gobierno central, fuera del color que fuera, se sentía obligado a asumir el derecho de veto del nacionalismo para poder actuar contra ETA. Esos tiempos, sin embargo, han pasado para siempre. Será bueno tener al PNV al lado en la lucha antiterrorista, pero no a cualquier precio.
Llama todavía más la atención que el fino jurista que es el consejero de Interior recurra no a las exigencias del Estado de derecho, sino al criterio de la eficacia para criticar la ley de partidos y la detención de la cúpula de Batasuna en trámite de reorganización: el debilitamiento estructural de ETA ha venido de la mano de impedir que pueda jugar al mismo tiempo su juego en dos campos, en el del terror con todas sus ventajas, y en el del sistema democrático, también con todas sus ventajas. La ley de partidos le obliga a optar: por el ejercicio de la política, abandonando para siempre el terror, o por el terror, perdiendo la posibilidad de actuar en la política. Mal haría el Estado de derecho en su función de proteger la vida, la libertad y el derecho de los ciudadanos renunciando a este elemento de debilitamiento estructural de ETA.
EL PNV DE Urkullu se presenta con modales moderados, pero sin capacidad de seguir la lógica del discurso de Imaz. El ejercicio político de decir que no a una iniciativa de parte, el plan Ibarretxe dos, tercera versión del acuerdo antidemocrático de Estella/Lizarra, es calificado como portazo habilitante para cortar relaciones con España. No esperan buenos tiempos.
Alguien dirá que lo que los vascos (Ibarretxe) quieren es solo hablar. Que por hablar con Otegi, Barrena y Petrikorena no se hace ningún mal. ¡Como si no hubiera palabras que las carga el diablo!
Joseba Arregi. Presidente de la asociación ciudadana Aldaketa (Cambio para Euskadi).

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