LOS DÍAS VENCIDOS
Hace años casi nadie hablaba del cambio climático. Una minoría, y las chimeneas seguían lanzando gases a la atmósfera. Hoy, el que por menos de 1.000 votos en Florida habría podido ser el presidente de los Estados Unidos es el abanderado de esa nueva conciencia. Más cosas de minorías. El comercio justo y la posibilidad de otro mundo eran cuestiones juveniles y ahora se han vuelto cuestiones adultas, eran inquietudes minúsculas y ahora son planetarias.
El grano de mostaza no por minúsculo deja de convertirse en un árbol notable. Hoy tenemos en el futuro visual de Catalunya dos opciones y dos fechas. ERC propone que en el 2014 se celebre un referendo de autodeterminación que habría de llevar a Catalunya a la independencia. Eso es al menos lo que dice el enunciado. Los impulsores fueron pocos al principio y ahora parece que son más. Continúan creyendo que el simple hecho de poder celebrar un referendo significa que van a ganarlo. Así lo creían también los independentistas de Quebec y cada vez que han conseguido llevar a su gente a las urnas la independencia ha perdido. Ni me alegro ni me entristezco. Simplemente constato que cuando se llama a los ciudadanos a un referendo por la independencia se está movilizando también a votantes que tal vez jamás habían ido a votar por nada y que, ante una pregunta así, decidirán votar en contra.
La otra fecha de futuro nos la ofrece el diputado de ICV Joan Herrera. Propone para el 2012 una reforma constitucional adaptada a los tiempos. Herrera, que es más listo que el hambre, orilla la espinosa cuestión de la sucesión monárquica y va a ampliar otros derechos. Los derechos lingüísticos y los derechos de ciudadanía de la gente que vive entre nosotros. Tampoco va a ser fácil esa propuesta. Pero siento una estimulante alegría política cuando compruebo que hay alguien que piensa lo difícil y que nos obliga a pensar. Herrera está haciendo de diputado y no de agitador. Él y sus amigos de ICV piensan para cambiar lentamente las cosas. Estaremos de acuerdo o discreparemos, pero no nos llevan a la pasión sino a la razón. Eso debería ser, al fin y al cabo, la política.
Rosa pálido y cálido
Estoy en los Pirineos y algunas cimas están nevadas. No me interesa el esquí ni el precio de los forfaits. La nieve es en realidad una fruta del tiempo. Cuando cae me produce un extraño calorcillo en el estómago de la memoria. La nieve bajo el sol destaca el verdor de los abetos y los perfiles de los riscos. No hay blanco igual en nuestra vida cotidiana, pero ese blanco de la nieve sin pisadas me invita a pisarla y a seguir las huellas de Scott en la Antártida o de Irving y Mallory en el Everest para constatar que la nieve que sirve para hacer muñecos es la que mata a los hombres que la profanan. A media tarde, mientras en el valle se encienden las luces, la nieve de las cumbres se tiñe de rosa por el sol poniente. Ni en el fondo del sexo más querido hay un color rosado como el que nos ofrecen la nieve en su espera y el sol en su despedida.
Murmullos
En un bar una pareja habla, ríe y se ríe de los otros. Poco a poco llega el silencio y ya solo se escuchan murmullos. Es el gran momento. Sus palabras son solo para ellos. Están ensayando el grito del amor que se harán después.

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