LA RUEDA
Una compañera de trabajo me hizo el otro día una confidencia sorprendente: algunas mañanas se despertaba una hora antes para acabar Las benévolas, el libro de Jonathan Littell (premio Goncurt 2006) que narra en primera persona el drama de un soldado nazi. Como la historia tiene 1.152 páginas y el día de un trabajador no da para mucho, mi colega sacrificaba horas de sueño para leerlo. ¿Sacrificaba, he dicho? No exactamente. Dormía menos pero se la veía encantada con el libro.
No hace falta decir que enseguida cogí el mamotreto y me sumergí en él, picado por la curiosidad de descubrir dónde estaba el misterio de tanta seducción narrativa. Y todavía no me levanto una hora antes para leerlo, porque en materia de madrugar no quisiera batir más récords, pero tengo que decirles que hacia la quinta página ya estuve tentado de coger el lápiz y subrayar algunas frases. Les explico esto al hilo de la publicación del informe PISA que afirma que los escolares cada vez entienden menos lo que leen. Ante estos resultados, todos nos preguntamos con aire preocupado, una vez más, cómo hacer para que nuestros hijos lean y no se dediquen solo al ordenador en cuanto cumplen siete u ocho años. Una respuesta la dio Emili Teixidor en un artículo publicado en La Vanguardia y premiado por la Fundación German Sánchez Ruipérez, titulado Estrategias del deseo o trucos para leer . Lo encontrarán en internet.
El primer truco es preocuparnos más por nuestras lecturas y menos por las de los demás. Así será más fácil que desbordemos entusiasmo por la lectura, exactamente como hizo conmigo mi colega. Es la técnica de aquel maestro que llegaba con tres libros y decía: "Niños, hoy os hablaré de estos dos libros. El otro no es para vosotros, es para mayores..." Adivinen qué libro querían los alumnos. Como dice Teixidor, "en tiempos de saciedad, regala necesidad". Existen otros trucos. Teixidor sabe de qué habla. Escribe con éxito para pequeños y mayores y ha sido maestro... Ya les adelanto que recomienda disciplina. Porque "sin disciplina no hay deseo, hay capricho".

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