Acabo de recibir el último libro del viejo amigo Lluís Permanyer y he levantado el ánimo. Ha hecho un gigantesco trabajo de investigación sobre qué han dicho de Barcelona mil personajes a lo largo de más de dos mil años de historia. Entre los 1000 testimonis sobre Barcelona (La Campana) no figura ningún barcelonés ni tampoco ningún catalán. Son reflexiones vividas o escritas por personajes tan variados como Clemenceau, Trotsky, Cervantes, Virginia Woolf, Cristóbal Colón, Ingrid Bergman, Bob Dylan, Stendhal o André Breton. Hasta llegar a mil. Añadiré unos cuantos más: Émile Zola, Karl Marx, Lope de Vega, Victor Hugo, Tirso de Molina, George Orwell y Honoré de Balzac.

He leído apresuradamente cómo nos han visto a lo largo de la historia desde fuera una treintena de esos personajes. No está mal. Permanyer publicó en 1993 un libro que recogía citas y testimonios sobre Barcelona de personalidades no catalanas. Pero ahora ha completado el trabajo hasta llegar al millar. Enhorabuena, querido Lluís.

En estos tiempos que corren de autoestima tan deteriorada, he decidido colocar en la estantería de libros indispensables esta recopilación de visiones foráneas de Barcelona. Para los barceloneses de adopción, no sé si somos la mayoría pero somos muchos, es una referencia necesaria para no perder de vista que vivimos en la capital de un gran país, una ciudad que las ha visto de todos los colores, un centro urbano de una gran vitalidad cultural, artística, social y política.

Permanyer es más que el mejor cronista de Barcelona. Es el que lo sabe todo de nuestra ciudad y le deseo larga vida para que desde las páginas de este diario nos siga ofreciendo sus meticulosos conocimientos, escritos con el rigor que le caracteriza, de la historia ignota de Barcelona.

Pasearse con los testimonios de estos mil personajes que hablan de Barcelona a lo largo de los siglos es el mejor antídoto para salir de la aparente tristeza en la que nos hemos sumergido sin que haya tantos motivos como parece.

Leyendo las citas que recoge Permanyer me ha venido en mente la definición de George Steiner sobre su idea de Europa que es, como Barcelona, la acumulación de los cafés, de los paisajes que podemos recorrer a pie, de las dimensiones humanas de las calles, de sus personas corrientes, de las plazas que llevan nombres de estadistas, artistas, científicos y poetas.

Cuando observo a Permanyer transitar erguido por la Diagonal, con una puntualidad intransigente, bigotes horizontales y porte señorial, pienso en el prototipo de personas que hacen muy habitable y muy humana una gran ciudad. Permanyer no es amante de las grandes definiciones ni de la simbología efímera. Su perfección está en el detalle, en denunciar la existencia de un árbol mal podado, de un alumbrado insuficiente o de una azotea remozada con mal gusto. Nos ofrece una idea de civilidad y elegancia. Gracias.