Existen pero no se les ve. Te dan servicio pero cuando hay problemas desaparecen. Nunca dan la cara porque se la romperíamos. Son las empresas de telefonía. Me contaba una organización de consumidores cómo intentaron una misión imposible: dar en mano un documento de queja a Telefónica. Nunca pasaron de la puerta de seguridad. Los mal pagados empleados de tele marketing que atienden al cliente, tienen una norma de oro: captarlos con facilidad y que les sea imposible darse de baja.
Así lo hacen. Recientemente Montserrat perdió a su hijo de 15 años en un accidente, quiso dar de baja su número de móvil, pero su teléfono seguía sonando y cada mes recibía la factura. Llegó a enviar a Orange hasta el certificado de defunción, pero nada. Sólo denunciando su impotencia a los medios de comunicación lo logró. Todas actúan bajo un mismo patrón: ofrecer mucho y mantener muy poco. Captar a los clientes por el bolsillo, no convencerlos que se queden por el buen servicio.
Prueben de resolver una avería de Imagenio o que venga Telefónica a arreglarle el wiffi, puede jubilarse antes de verlo. Durante cinco días varias calles del Eixample barcelonés se quedaron sin ningún tipo de servicio telefónico. Las empresas no recibían mails, ni llamadas y tampoco los particulares. El servicio volvió tan misteriosamente como se había ido, sin explicaciones de ningún tipo. No hay peor sordo que el que no quiere escuchar. Les animo a que publiquen en los comentarios a este artículo sus casos particulares, me comprometo a divulgarlos por la radio y reenviárselos todos y cada uno a la empresa de telefonía que corresponda. Todavía nos queda el derecho al pataleo.

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