La villa se viste de gala para recibir a sus ilustres viajeros tal como la ocasión se merece. No en vano, los visitantes representan para la comarca una real fuente de ingresos en turismo y sería una real estupidez hacer feos a la gallina de los huevos de oro. Al contrario, es preciso mimarlos y protegerlos, que se sientan como en su propio santuario. Acudirán a la recepción el presidente con su señora, el gobernador y señora, los alcaldes mayores y pedáneos, éstos sin sus señoras, una superbanda de gaitas, otra de guitarrones, risueños grupos de bailes regionales, militares de alta graduación y el párroco junto a su coadjutor. Será una fiesta muy sonada, con muchos voladores, fuegos de artificio y traca final tipo coña marinera. En el programa están previstas adopciones oficiales con aromas Chanel y Embrujo de Sevilla, saldrán a relucir ramos de flores y medallas, muchas medallas, que no son muy caras y visten mucho. Si algo quedaba por inaugurar, los notables forasteros tirarán de la cuerdecita dorada para que la placa conmemorativa inmortalice en bronce o piedra la visita. Aplausos y vivas, agitación de banderitas políticamente correctas, los niños en primera fila por si alguno de los visitantes desea foto con niño o niña, instantánea de ternura promocional. Un paseo obligado por la ruta histórica de la villa, grabada en murales policromados y comprensibles a monarcas. Y la rúbrica, cuchipanda popular con tortilla española y licores de la región, también refrescos para los más pequeños y abstemios.

En corto.

Otro año más, las mariposas Monarcas volarán la friolera de 4.000 kilómetros, desde Canadá a México, para instalarse en el Estado de Michoacán. Se las espera con los brazos abiertos y no faltarán a la cita el presidente, Felipe Calderón, y el gobernador del Estado, Lázaro Cárdenas. En la apertura del santuario de la mariposa Monarca tiene el presidente preparado un discurso valiente y reivindicativo. Solicitará de la ONU que conceda a este espacio el privilegio de ser Patrimonio Cultural de la Humanidad. Por el momento, a la espera de que Naciones Unidas decida sobre el santuario, auténtico palacio de invierno de las mariposas Monarcas, el presidente descubrirá una placa en la que se advierte al turista que pisa la «Reserva de la Biosfera Mariposa Monarca. Protégela».

Cosas de monarcas.