A pie de Caye

El talento. Qué cosa. Dedicar tu vida a hacer entender la realidad desde otra perspectiva. La realidad, que es tuya y es de todos, que se muestra inflexible a tus súplicas y que te obliga a jurar en vano tantas veces. La misma que te azota cada mañana, hoy es capaz de mostrarse amable gracias a ellos, que tienen el don de hacerte ver que merece la pena estar aquí. Así de gordo. Saben cómo mostrarte y demostrarte que tú eres el timón de tus pasos, de tus excusas, que todo pasa porque tú estés en orden con lo que hay y que reírte (por dentro y desde dentro) es lo mejor que le puede pasar a tu culpa, a tu insatisfacción, a tu ambición y a todos los que te rodean.

Sutiles, lúcidos, originales, luminosos. Geniales. Con Garrick vuelven a regalarnos un trozo de esperanza. Te levantas de la butaca agradecido. Porque te ayudan a relativizar, a entenderlo todo, a relajar el entrecejo y a desear reírte de tu sombra sin pudor y con ganas. Veinticinco años sobre los escenarios de todo el mundo encontrando un terreno común que nos conmueve y que nos hace sentir hermanos. Y hoy, vuelven con un regalo que homenajea su esencia, su camino, su legado, su Dios: la risa. Garrick, dramaturgo y actor británico del siglo XVIII que curaba el alma a carcajadas, sirve de lazo que enreda el tiempo y las ideas y nos recuerda que es posible mirar desde otro ángulo. Salir de ahí, para observarte exactamente desde el otro lado. El estreno en el Teatro Gran Vía fue una fiesta, una concentración brillante y variopinta de nombres propios que se retorcían vivos en la butaca desde el minuto cero. Estuve sentada detrás de nuestro alcalde (por cierto, siempre atento y cercano al mundo de la cultura) y de Mar, su mujer (que debería vestirse siempre de rojo), y a juzgar por el ritmo de su espalda, no paró de reírse. Estaba feliz. Como Fernández Tapias, Nuria González, Paulina Rubio, Lorena Sagliocco, Millán, Miriam y Cary Lapique, Alfonso Cortina, Carla Goyanes, Fernando Guillén Cuervo, Eugenia Martínez de Irujo, Eduardo Velasco, María Antonia Rodríguez, los Busturia, Rafa Martín Sanz, Elena Arroyo, José Manuel Lorenzo, Olga Andrino, los hermanos Carral y en fin, ese todo Madrid que mezclaba barrios y sueños tan distintos y que el humor mantuvo de la mano, con mimo, con horizonte, con calor. Desde entonces han colgado el cartel de «No hay localidades». Ni una entrada. Madrid corre hacia ellos despavorida, soñando una sonrisa.

El talento. Qué cosa. Carles Sans, Joan Gracia, Paco Mir: qué divino poder, capaz de rozar el milagro de hacer sentir mejor al ser humano. No os vayáis nunca. Gracias.

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