BAJO EL VOLCAN
La resaca judicial del libro de la periodista Elisa Beni sobre su marido el juez Gómez Bermúdez es un insuperable tostón mediático que hasta hace incursiones en la prensa del corazón. Casarte con un magistrado es una sentencia de aburrimiento, pero hacerlo con una periodista es un trote hacia el infarto de miocardio. Defiendo a mi colega porque se le acusa indemostrablemente de haber recibido confesiones de alcoba. Sería indiscreción del juez o infidencia conyugal de la autora, asuntos íntimos que no conciernen al Consejo General del Poder Judicial, que no puede ser guionista de escenas de matrimonio.
Nada en el libro cuestiona la validez de esta primera sentencia sobre el 11-M y eso que sobran razones para ello. Es una loa al marido, sufriendo la soledad de las puñetas, con algunos pellizcos de monja a segundos y terceros. Armas de mujer. De la biografía del juez Garzón (El hombre que veía amanecer) podría suponerse que la periodista Pilar Urbano, mi gentil monaguilla, había tenido acceso a sumarios no desclasificados. Era tan difícil de probar que el órgano de gobierno de los jueces archivó discretamente el asunto.
El Nuevo Periodismo, que ya es viejísimo desde Tom Wolfe y García Márquez, admite licencias literarias que no desvirtúen los hechos ciertos. El NP es una manera de escribir un reportaje sin alterar la realidad, y doña Beni puede haber intentado un alto vuelo sobre su condición de funcionaria periodística confundiendo en su libro la información con el gasógeno, caída libre que se da en muchos jefes de prensa, como la señora. Por otra parte ella está en su derecho de obtener noticias y comentarios por medios lícitos sin que tenga luego que pedir perdón a nadie, y menos a las víctimas del terrorismo a las que no ha ofendido.
No le ha bastado al CGPJ abrirle un expediente al juez enamorado sino que se amenaza a ella con una supuesta incompatibilidad como funcionaria con una sociedad mercantil. Eso se hace a meros efectos fiscales y no incompatibiliza nada. Un ministro de Aznar cobraba su sueldo gubernamental a través de una sociedad limitada administrada por su esposa, y no le sacaron los colores por lo que el político llamaba «optimización fiscal». Son los pasillos y trucos de la selva administrativa.
Supongo que a la autora le han dado hecha la mercadotecnia y que se atreverán a sancionar al juez del 11-M por llegar a casa con ganas de comentar el día. Mucho tostón y nada entre dos platos.
© Mundinteractivos, S.A.

Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados