LA CRÓNICA
Barcelona se llena de ´catalans emprenyats´ por el caos de las infraestructuras
Los ex presidents Pujol y Maragall acuden a la cita al margen de siglas políticas
La reivindicación del derecho a decidir une de nuevo a CiU, ERC e ICV
El català emprenyat tomó ayer el centro de Barcelona para decir basta ya. Por dignidad. El apaño para reanudar el servicio de cercanías precisamente ayer después de 42 días de parón ferroviario no fue suficiente para evitar que varios cientos de miles de personas - 700.000 según la organización, 200.000 según el cálculo de las fuerzas de seguridad- se echaran a la calle bajo el lema "Som una nació i diem prou! Tenim el dret de decidir sobre les nostres infraestructures".
Llenar de gente la plaza Catalunya y la Via Laietana hasta el colapso en estos malos tiempos para la lírica, con los partidos catalanes ensimismados en sus estrategias, sus tácticas y sus batallas por el reparto de poder, fue la prueba, de carne y hueso, de la evidente insatisfacción de los catalanes con el trato recibido por parte del Gobierno central con el colapso de las infraestructuras. Un éxito de convocatoria que contó con la ayuda inestimable, un día tras otro, de las alharacas de la ministra de Fomento, Magdalena Álvarez, y que convirtió la cita de ayer en la más multitudinaria en Barcelona desde la manifestación de rechazo a la guerra de Iraq en febrero del 2003. La sorpresa se la llevaron incluso los organizadores, la Plataforma pel Dret de Decidir, a la que se habían adherido casi doscientas entidades, y partidos del Govern, ERC e ICV-EUiA, y de la oposición, CiU.
Un éxito y un lío. El lío en el que quedan inmersos el PSC y el presidente de la Generalitat, José Montilla, que vieron ayer cómo sus llamamientos al pragmatismo cayeron en saco roto y ahora debe tomar nota de la reivindicación de la calle. Tampoco se lo ponen fácil sus socios de ERC en el Govern, cuyo líder y vicepresidente del Gobierno catalán, Josep Lluís Carod-Rovira, tras una pancarta, echaba en falta la presencia de los socialistas y lanzaba la manida advertencia de que "no se puede servir a dos amos" en la defensa de Catalunya. La presencia, al margen de las pancartas de los partidos, del ex president Jordi Pujol, junto a los ex presidentes del Parlament, Heribert Barrera y Joan Rigol, pero sobre todo del ex president Pasqual Maragall, participando de la marcha como un ciudadano más, fue la puntilla a la soledad de los socialistas en la tarde de ayer.
La respuesta del PSC fue un comunicado de cuatro puntos en el que se expresaba respeto a los manifestantes y se reafirmaba su compromiso para "solucionar los problemas causados por la insuficiente dotación de infraestructuras" de Catalunya. A renglón seguido, reproches y críticas a CiU, a quien los socialistas acusan de ser responsable de la crisis de las infraestructuras tras sus 23 años de gobierno en Catalunya y ocho años de apoyo al PP en Madrid.
Catalans emprenyats llegados de todas las comarcas se manifestaron durante tres horas para exigir no sólo el traspaso de la red de transportes e infraestructuras a la Generalitat, sino también una financiación justa para Catalunya, la publicación de las balanzas fiscales y que el Gobierno catalán recaude y gestione todos los impuestos que pagan los catalanes.
La manifestación fue una fiesta, una marea de familias, encabezada por representantes del mundo intelectual catalanista de diferentes sensibilidades políticas, entre los que se encontraban Jaume Sobrequés, Jordi Porta, Josep Maria Terricabras, Carles Canut, Alfons López Tena, Vicenç Villatoro, Carme Sansa, Joan B. Culla, Xavier Serrat o Sebastià Alzamora. Aunque en ese bloque la estrella fue el presidente del FC Barcelona, Joan Laporta - pocas horas antes del derbi entre el Barça y el RCD Espanyol-, en un discreto segundo plano, pero que fue el primero en reclamar a los políticos que tomen conciencia de la reivindicación que ayer llenó las calles de Barcelona.
A continuación se situaron las entidades cívicas y en un tercer bloque los partidos políticos, por orden de representación parlamentaria ante la incapacidad de sus direcciones de acordar un lema conjunto tras el que situar a sus líderes. Artur Mas (CiU) interpretó la participación masiva en la marcha como el grito de los catalanes en contra de ser "pisoteados y maltratados" y abogó por defender los intereses de Catalunya "con todas las consecuencias, más allá de una formación política u otra". Desde el Govern, ERC acudió con todos sus consellers y con Carod-Rovira al frente, que llevó el agua a su molino y dio por hecho que "si hoy reclamamos el derecho a decidir sobre las infraestructuras, mañana reclamaremos decidir si nos continúa interesando pertenecer al Reino de España". Desde ICV, con la ausencia del conseller de Interior, Joan Saura, escudado en su responsabilidad al frente del dispositivo policial dispuesto para la cita, su portavoz en el Congreso, Joan Herrera, hizo hincapié en la defensa de la red de cercanías y su oposición a dar prioridad al AVE.
No hubo gritos ni proclamas en contra del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, como tampoco los hubo contra la ínclita ministra de Fomento. No hay mayor desprecio que la indiferencia, debieron de pensar los manifestantes. La prueba de fuego para el presidente del Gobierno en Catalunya serán las elecciones generales de marzo, pero el Govern de José Montilla también se la juega en la negociación del nuevo sistema de financiación que debe estar listo antes de agosto del 2008. La advertencia de ayer fue clara: "Ara és hora, segadors! Ara és hora d´estar alerta!"

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