LAS CARTAS BOCA ARRIBA

Al margen de ideologías y partidismos, el autor quiere en su primera carta reconocerle a Marcelino Camacho el haberse convertido en «el mejor espejo de honradez» para las futuras generaciones.Al recientemente galardonado con el Cervantes, Juan Gelman, no le escatima el voto, a pesar de saber que el Gobierno nombra al Jurado. Por último, aplaude el éxito de Lola Herrera.

MARCELINO CAMACHO

«Te has convertido en referencia en la vida española»

Querido Marcelino...

Te has convertido, a punto de cumplir noventa años, en referencia nacional de honradez, de seriedad, de coherencia de ideas, de la lucha real contra la dictadura franquista. Por eso acudí al homenaje que el mundo de la cultura, el de la política, el sindical, te rindió en un abarrotado Palacio de Congresos. Catorce años en las cárceles de Franco, ocho huelgas de hambre, persecuciones sin número, el equilibrio y la moderación en los albores de la democracia, te han convertido en esta Monarquía de todos en excelentísimo señor, con grandes cruces, medallas de oro, reconocimiento general, albriciado todo por el cariño de tus amigos y el respeto general. Y siempre al lado de Josefina Samper, paloma brava, mujer inteligente a la que todo el mundo quiere. Junto a ella no has hecho una sola concesión al lujo ni a las conveniencias, mientras discurre para ti el río de los trabajos y los días en tu acogedor y modesto piso de Carabanchel, donde Josefina me ofrece magdalenas y tú profundas palabras pedernales.

En los años sesenta, la lucha contra la dictadura franquista nos unió a todos y creó admiraciones y amistades profundas. Don Juan te admiraba. «Hay que estar al lado de Marcelino Camacho -me dijo un día en Estoril- Todos los datos que me dan sobre él me han convencido de que se trata de un hombre honrado. Sin el sindicalismo profundo que él representa no se podrá construir España. Hay que contar con él».

Muerto el caudillo dictador, te convertiste enseguida, querido Marcelino, en uno de los hombres claves de la Transición. Tu firmeza, tu flexibilidad, tu inteligencia, tu sentido de la realidad, tu conocimiento profundo del mundo del trabajo contribuyeron a hacer viable la España democrática de la que disfrutan ahora las nuevas generaciones.

Y un día, Marcelino, harto de las pejigueras con que te incordiaban en El País te viniste conmigo al ABC verdadero para escribir durante diez o doce años espléndidos artículos en los que discrepabas de fondo de la línea del periódico con la seguridad de que nunca se te quitaría una coma. La verdad es que yo anhelaba esa colaboración contigo desde que el dictador me envió al exilio por la publicación de un artículo titulado La Monarquía de todos el 21 de julio de 1966. La policía franquista secuestró el ABC en la calle y se organizó un formidable escándalo.

Te rodearon en tu homenaje, querido Marcelino, fundador y presidente de honor de Comisiones Obreras, muchos de mis amores: Natalia Figueroa, que tiene la cara llena de ojos azules; Ana Belén, que estás en los cielos; Aitana Sánchez-Gijón, que es como el sueño del soneto Amaranta de Alberti; Nuria Espert, que tenía la languidez de la caña verde cuando incendió Madrid con su Gigi de Colette. Abracé a Cándido Méndez, vi de lejos a Fidalgo y a Nico Sartorius, que fue miembro de la Juventud Monárquica, cuando yo presidía el grupo. Estuve también con Tina Sainz, gran actriz, y con Teresa Alberti y recordamos las noches de versos con Rafael; y con María Fernanda Caballero, la amiga de verdad de Pablo Neruda. Y además andaban por allí Miguel Ríos, Víctor Manuel, Raphael. Y los políticos de izquierdas, Carrillo y Llamazares; los socialistas, Rodríguez Zapatero y Pepiño Blanco; de centro, Ana Pastor; de centro-derecha, Zaplana; y los dirigentes empresariales, con José María Cuevas a la cabeza.

Todos, todos, contigo, al margen de ideologías y partidismos, querido Marcelino. Y tú, en la frontera de los noventa años, te has convertido en el mejor espejo de honradez para las generaciones que vienen, el verdadero orgullo de la izquierda española, el hombre al que hay que escuchar, sombra herida por la dictadura, manantial sindicalista, la palabra, en fin, valerosamente tallada allí donde se traban los nervios secretos de la alta política.

LOLA HERRERA

«Pasmoso el éxito de la comedia que ahora interpretas»

Querida Lola...

Series de televisión con sus interminables capítulos, aparte, poca gente sabe que desde hace cincuenta años has interpretado para el teatro, para el cine, para el teatro en televisión, más de cien obras. Un prodigio desde tu primera película El pórtico de la gloria, en 1953. Todo el teatro, desde La Celestina a Delibes, ha pasado por tu voz y por tu versatilidad para la interpretación.Eres la dama del teatro español, una de las actrices grandes de nuestra escena. Cincuenta y cuatro años después de tu primera película, danzas como una adolescente en Seis clases de baile en seis semanas, la discreta obra de Alfieri que se representa en el teatro Marquina y que entre tú y Juanjo Artero habéis convertido en un pasmoso éxito.

Lo he pasado tan bien viéndote en el teatro durante tantos años que siento por ti no sólo admiración, también un cariño profundo. Las actrices en tu profesión se pasan el día propinándose navajazos; tú, sonrisas. Hablas siempre desde la serenidad y las buenas maneras. Eres inteligente, culta, simpática, ajena a los divismos y a las presunciones. También me has gustado en el cine, incluso en televisión. Por razones profesionales vi cinco capítulos de Un paso adelante y te comías crudos a actores y actrices. Por cierto, que en esa serie hasta las chicas feas resulta que estaban estupendas.

Te felicito por tu interpretación y tu juventud en la comedia que ahora interpretas. En la escena, eres el pez en el agua. Pasas la batería como un tiro y no te pesan ni los años ni las cicaterías con las que algunos ensombrecen tu profesión. Mil enhorabuenas, Lola Herrera, querida.

JUAN GELMAN

El Gobierno nombra el Jurado del Premio Cervantes

Mi admirado amigo...

Hasta ahora, el Cervantes ha sido un premio plenamente gubernamental. De los once miembros del Jurado, ocho son elegidos a dedo por el Gobierno. Justo es reconocer que, en general, los autores premiados se lo merecían, aunque se han producido clamorosas excepciones de nombres dictados desde Moncloa.

Hace cinco años, tras participar en el Jurado, me di cuenta de la farsa y la denuncié públicamente en un artículo que contó con el respaldo de comentarios periodísticos y alguna portada. La ministra entonces de Educación y Cultura del Gobierno Aznar trató de sobornarme. Y, efectivamente, me llamó el Secretario de Estado para ofrecerme la zanahoria de participar de nuevo en el Jurado y taparme así la boca. No sólo rechacé el herbáceo sino que denuncié el intento de soborno en otro artículo todavía más ácido que el primero.

Desde entonces, aparte de no asistir a los actos del Cervantes, he dedicado varios artículos e intervenciones en el pleno de la Real Academia Española a la denuncia de la farsa. Debo reconocer que ha sido un ministro del Gobierno Zapatero el que ha hecho lo que no supo hacer el Gobierno Aznar. Me escribió hace un par de meses una carta diciéndome que tenía razón y que había que modificar la composición del Jurado, con la exigencia mínima de que sus miembros procedan de instituciones electivas.

Dicho todo esto, te escribo esta carta para afirmar públicamente que yo te hubiera votado en el Premio Cervantes. No se trata de una frase amable. Hace dos años te dí mi voto, representando a la Real Academia Española, en el Jurado que te otorgó el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana. Sigo tu obra desde 1956: Violín y otros crespones. Me encandiló Cólera buey. Sentí emoción profunda con Carta a mi madre. En Dibaxu y Oficio ardiente granó lo que el gran Miguel García Posada ha definido como tu «indeclinable voluntad de comunicar con el otro, lector y hermano». Eres el pensamiento profundo, la cadencia del lenguaje, la contenida zozobra lírica. Llevas, como en el verso de Juan Ramón, el alma fuera, el cuerpo dentro. Fracturas el idioma desde su estructura interna, portador, como ha escrito Juan Cruz, de las preguntas y la rabia. Chus Visor, en fin, te ha definido certeramente: «Juan es uno de los verdaderos poetas auténticos que todavía quedan dentro de la poesía que está llena de mentira, de poetas que se esconden en las tinieblas de las palabras, que no saben qué decir. Juan es exactamente lo contrario, es un poeta clarísimo, permanentemente luchando con las palabras, con el sentido más tradicional y más vivo del significado de la palabra, del significado poético».

Luis María Anson, de la Real Academia Española.

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