EL FUTURO ECONÓMICO DE CATALUNYA
El tema de la situación actual y las perspectivas de futuro de la economía de Catalunya se pone periódicamente de moda, y sucede en estos momentos tanto por la coedición por el servicio de estudios del BBVA y el Departament d´Economia i Finances de la Generalitat del libro Economia catalana: reptes de futur, cuanto por las declaraciones y contradeclaraciones que se han venido produciendo respecto a Catalunya, sus potencialidades y sus debilidades.
Los estudios publicados en la Revista Económica de Catalunya del Col · legi d´Economistes y los estudios impulsados por las cámaras de comercio catalanas y diversos departamentos de la Generalitat, así como por la Confederación de Cajas de Ahorros y varias cajas catalanas, ponen de manifiesto que la Catalunya económica interesa y mucho, lo cual es normal si pensamos que es la primera región económica española con independencia de que Madrid sea la capital financiera y de que allí se encuentren las grandes empresas hoy multinacionales nacidas de la privatización de las grandes empresas públicas de la etapa franquista.
Todos los estudios sobre Catalunya nos muestran que la economía catalana va creciendo de forma sostenida y que supone alrededor del 16% de la población española, algo menos del 20% del PIB español y casi un 30% de las exportaciones españolas, al tiempo que la Tabla Input-Output de la Economía Catalana publicada por el Institut d´Estadística de Catalunya nos indica que en Catalunya se cumple lo que los economistas conocemos como efecto frontera, que nos dice que el principal mercado para las ventas de las empresas catalanas fuera de Catalunya es el resto de España y no ningún país extranjero, por lo que hay que cuidar y mucho el resto del mercado español por más que algunos sostengan que si se nos cierra el mercado peninsular "el mundo es grande".
Por si esto fuera poco, Catalunya dispone, también, de un interesante ramillete de empresas multinacionales de bolsillo que están atreviéndose a implantar filiales en muchos países y a exportar a mercados de todo tipo, como estos días se ha podido constatar en la iniciativa sobre Internacionalización Copca-Cidem, al tiempo que Catalunya es el primer referente en el panorama turístico español. En Catalunya se ubican, además, muchas pequeñas y medianas empresas que figuran entre las mas dinámicas y rentables de España por más que se hayan producido algunas deslocalizaciones y cesaciones de actividad dolorosas.
INTERACCIÓN ECONÓMICA Todos los estudios ponen, pues, de manifiesto que Catalunya en muy importante para el conjunto de la economía española y que el resto de España es muy importante para la economía catalana y ponen también de manifiesto que el continuo crecimiento del empleo y la inmigración denotan que Catalunya no va mal por mucho que la coyuntura inmobiliaria no invite al optimismo.
Todos los datos expuestos no deberían, pues, llevar al pesimismo sino a meditar sobre cuáles son los cuellos de botella que impiden que Catalunya vaya mejor y de qué manera deberían abordarse los problemas existentes para que podamos superarlos sin mermar las perspectivas de futuro.
Todos somos conscientes de que en los últimos meses Catalunya ha padecido los efectos de una serie de carencias e insuficiencias más propias de países subdesarrollados que de la región española con mayor porcentaje del PIB nacional, pero el análisis de estas carencias no debe conducir al victimismo ni al pesimismo o al tremendismo, sino a una toma de conciencia colectiva - empresas, sindicatos, instituciones y administraciones públicas- de que aquí hay que seguir con el "a Dios rogando y con el mazo dando", suprimiendo intervencionismos innecesarios y potenciando el espíritu de iniciativa, aquel espíritu que llevó a los indianos a hacer la Catalunya dinámica de finales del siglo XIX y de diversas etapas posteriores en unos momentos, eso sí, en que el sector público no representaba el 40% del PIB, sino un 10% o 15%.
Es cierto que el esfuerzo fiscal de los catalanes es mayor que el de los contribuyentes de otras zonas de España en razón de la progresividad fiscal y de las carencias de las inversiones públicas en Catalunya y es cierto, también , que el espectacular aumento de la población y el número de vehículos ha hecho que muchos de los servicios públicos catalanes e infraestructuras se estén viendo colapsados, pero ante ello no hay que quejarse eternamente, sino conseguir cambiar las cosas. ¿Por qué, pues, tanta algarabía sobre las relaciones Catalunya/ España y sobre la insinuada desafección entre Madrid y Barcelona o la pretendida decadencia de Catalunya o de su espíritu empresarial mas allá de lo que deriva del lógico debate político partidista?
NO DEBEMOS EXAGERAR En un país ahora democrático es necesario discutir sobre los problemas de nuestra gobernanza a nivel local, autonómico, estatal y europeo y es preciso recordar que sin una buena gobernanza el sector privado se encuentra condicionado negativamente, pero es también necesario no exagerar sobre los males que puede traernos la política y mucho menos cuando vemos que, al margen de las grandes empresas privatizadas radicadas en Madrid, Catalunya tiene 500.000 empresas que abren sus puertas cada día y que el 10% de ellas son exportadoras y se baquetean con la competencia china o de otros países emergentes o de los países tecnológicamente avanzados en base a iniciativas empresariales que no hay que desdeñar, sino, en todo caso, potenciar.
La economía se basa en las expectativas y si nos flagelamos pensando que Catalunya va mal, difícilmente el futuro económico de Catalunya podrá ser prometedor.
Francesc Granell. Economista y abogado. Catedrático de Organización Económica Internacional y miembro de la Real Academia de Ciencias Económicas y Financieras. Director del Programa Empresa-Universidad-Sociedad de la Universitat de Barcelona y director general honorario de la Comisión Europea.

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