ECONOMIA Y EMPRESAS

APUNTES ECONOMICOS

¿Es grave el déficit de la balanza de pagos? La respuesta es depende.Y depende del tamaño, de su evolución, y de las circunstancias del país con el desequilibrio exterior. Las causas de un déficit de la cuenta corriente de la balanza de pagos se encuentran en la existencia de un gasto doméstico excesivo, que supera a la capacidad de producción nacional; o visto de otro modo, en la insuficiencia del ahorro interno del país para cubrir su inversión.En última instancia, surge de una combinación de condiciones monetarias y fiscales laxas que empujan en exceso la demanda doméstica, lo que exige para su satisfacción la adquisición de bienes y servicios en el exterior. Además, dicho desbordamiento de la demanda doméstica genera tensiones inflacionistas que merman la competitividad. Por tanto, un déficit exterior creciente y elevado suele asociarse a un nivel de gasto excesivo, inflación diferencial, falta de ahorro, y un cierto sobrecalentamiento de la economía.

Pero un déficit exterior tiene otra implicación muy relevante, que es la necesidad de financiarlo, lo que supone un incremento del endeudamiento externo, o lo que es lo mismo: la adquisición de activos del país por parte del resto del mundo. El endurecimiento de las condiciones de financiación externa suele ser la vía habitual a través de la cual se inicia el ajuste de un déficit excesivo, ya que los prestamistas internacionales se intentan cubrir del riesgo de una devaluación cuando el déficit se amplía y empieza a parecer insostenible.

Ahora bien, si el país forma parte de una unión monetaria no existe el riesgo de ajuste cambiario, por lo que la financiación externa del déficit y de la expansión del gasto se pueden dilatar mucho más en el tiempo. Sin embargo, ello facilitará que se acumule una pérdida de competitividad superior. El ajuste en este caso será, en consonancia, más largo e intenso que cuando es posible la devaluación. Y el desencadenante provendrá normalmente del incremento en la prima de riesgo que los mercados de capitales asignen al país como consecuencia de la consideración de su menor calidad crediticia y de la necesidad de reducir el ritmo de aumento de la deuda, ante el menor dinamismo del país derivado de la pérdida de competitividad acumulada.

La situación de un país con déficit elevado será especialmente preocupante en un contexto de una crisis generalizada de crédito.Y ello por dos razones; primero, porque se puede producir un endurecimiento brusco y rápido de los parámetros de la concesión de financiación al país. Segundo, porque en un marco de restricción general los más vulnerables serán los que más deuda hayan acumulado y los más dependientes del crédito. En función de lo anterior, la reducción del déficit de la nación se tendrá que producir necesariamente, y ello requerirá de una desaceleración del gasto doméstico.

La correa de transmisión del proceso de ajuste será el sistema bancario del país, que verá endurecidas sus condiciones de financiación en los mercados de capitales internacionales. Esto le llevará necesariamente a reducir el crédito puesto a disposición de las familias y las empresas del país, moderando con ello el crecimiento del gasto. La probabilidad de un ajuste brusco será por tanto alta, y el factor determinante vendrá dado por el impacto que el menor crecimiento económico tenga en la calidad del balance del sistema bancario.

En definitiva, un desequilibrio exterior elevado puede ser un elemento de riesgo especialmente sensible si coincide con una limitación y endurecimiento de las condiciones generales en los mercados de crédito. En dichas circunstancias, y aun formando parte de una unión monetaria, la necesidad de reducir el déficit ante las dificultades de financiación puede tener que realizarse con urgencia y rapidez, lo que elevaría la posibilidad de un aterrizaje brusco de la economía.

La necesidad de financiación de la economía española, es decir nuestro desequilibrio exterior, alcanzará este año aproximadamente el 10 % del PIB, esto es: cerca de 100.000 millones de euros que habrá que pedir prestados a los mercados de capitales internacionales, aparte de la renovación de la deuda en stock que vaya venciendo.

Seguramente se trata del indicador más preocupante de nuestra economía, puesto que por desgracia coincide desde agosto con turbulencias profundas en los mercados de crédito. Incluso en el escenario benigno de una desaparición rápida de estos problemas, parece claro que el desequilibrio no podrá permanecer en dicho nivel por mucho más tiempo. Su corrección exigirá un aumento importante de la tasa de ahorro nacional y una moderación de la inversión en construcción, lo que lógicamente se acabará traduciendo en un menor crecimiento. El problema, como siempre, será la velocidad de este ajuste, y es aquí donde la crisis internacional de crédito y su evolución se hacen especialmente relevantes para el futuro de la economía española. Pero sobre esto volveremos la semana próxima.

luisdeguindos@hotmail.com

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